lunes, 19 de marzo de 2007

DOS VISIONES SOBRE EL CAMBIO

En un corto pero sustancial artículo titulado "En política primero el espíritu", publicado por LA NACION de Buenos Aires, Carlos A. Manfroni  describe con precisión dos enfoques o dos puntos de partida para el cambio diametralmente opuestos.

 

Recuerda en primer lugar la herencia de la filosofía moral helénica en donde Platón – citado por Manfroni -  ve a la revolución en la ciudad no como una causa sino como el efecto de otro cambio anterior que se ha producido antes en el alma humana. Podemos agregar como ejemplo de este enfoque el juramento – que ya he citado en otra oportunidad – que realizaban los jóvenes atenienses a los 17 años. En el decían: "Lucharemos sin cesar para agudizar el sentido del deber cívico en el pueblo. De esta manera legaremos una ciudad más grande y esplendorosa que la que hemos recibido". Juraban así por agudizar los valores morales entre los ciudadanos y como efecto de ello legar una "ciudad más grande y esplendorosa".

 

También este enfoque lo vemos en la tradición judeocristiana. En el Libro del Éxodo se nos relata el consejo que Jethro, suegro de Moisés, le da a este: "...enseña a ellos las ordenanzas y las leyes y muéstrales el camino por donde anden  y lo que han de hacer. Además inquiere tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia…".  Aquí nuevamente el enfoque o punto de partida del cambio y del progreso esta en los valores y virtudes de los seres humanos más que en los instrumentos políticos y sociales.

 

Talvez el resumen de esta óptica de priorizar el cambio espiritual y moral como el motor de todos los cambios esta en las parábolas y enseñanzas de Jesús y del cristianismo sobre que el Reino de los Cielos esta dentro de uno y que lo demás viene por añadidura.

 

Como bien hace acuerdo Manfroni el acento en priorizar el cambio espiritual como camino hacia la reforma social fue el principal hasta la Revolución Francesa. No es ajeno a esto el hecho de que las Universidades en el Viejo y Nuevo Continente, que fueron creadas en gran parte por religiosos, pasaron gradualmente a lo largo de los últimos dos siglos a abandonar su legado y se convirtieron en semilleros de ideas e intelectuales materialistas que enfocaron al mundo y el cambio desde una óptica diferente.

 

El enfoque del cambio de estructura como solución de los problemas de la sociedad tiene en el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau, su génesis más evidente. Rousseau puso en mano de los gobiernos o de una difusa "voluntad general" el futuro, sacándola de manos de la responsabilidad individual de cada uno. Rousseau también al negar el pecado en los seres humanos y poner el énfasis en el mal social, ayudo a "liberar" al hombre moderno de la necesidad de revisar su conciencia y del deber de separarse del mal dentro de uno mismo.

 

En la columna de Manfroni describe lo anterior de forma tajante: "Nuestra permanente negativa a revisar la propia conciencia nos ha afirmado en la convicción de ser acreedores del mundo, aunque seamos deudores de todos. E incluso no faltan religiosos que hablan de la política económica como si la moral de una sociedad dependiera de ella"

 

Y agrega más adelante que "Resulta paradójico que los pueblos más favorables a admitir la injerencia del Estado en la vida social sean los menos respetuosos con el patrimonio público". Un caso patente en Uruguay es Montevideo, una ciudad con un pensamiento fuertemente estatista, que es a la vez una ciudad en donde la ciudadanía tiene un serio déficit en el respeto a la limpieza y el cuidado de la misma.

 

En América Latina no sólo la izquierda  tiene una fuerte influencia "roussoniana" (hoy es más "roussoniana" que "marxista") sino también la derecha. Ambos piensan que la política y la economía por si solas harán mejores a las naciones y sociedades. Paul Johnson, historiador británico contemporáneo, sostuvo en alusión a las ideas de Rousseau, que el mismo pensó: "que la política podía crear el hombre nuevo...pero lo que hemos descubierto, con una experiencia que ha sido dolorosa, es que la política, por sí misma, puede hacer muy poco para mejorar la condición humana".

 

Los dos enfoques filosóficos acerca de sobre que bases gestar el cambio y construir el orden social y político dieron origen a procesos políticos diametralmente opuestos.

 

No es casualidad de que el pensamiento de Rousseau haya echado fuertes raíces en Europa Continental y América Latina y no en EEUU y Gran Bretaña. Y que Europa Continental haya sido el escenario donde se gestaron en ideas y acción los dos más brutales sistemas totalitarios del siglo XX y que América Latina por su parte haya vivido en permanente inestabilidad marcada por ciclos permanentes de revoluciones violentas y dictaduras.

 

La teoría del "chivo expiatorio", argumento preferido para azuzar el resentimiento y frustración de los pueblos de la región sólo ha podido prosperar por las erróneas bases filosóficas sobre las que se han tratado de edificar las democracias en América Latina.          La última escena de esta "película" ha sido la salida de Arístides, un ex sacerdote, del Gobierno de Haití, por causa de sus propios defectos y ofensas a su pueblo. Una situación que él trata ahora de presentar como fruto de una conspiración de los "imperialismos" estadounidense y europeo.  Lo hace por que sabe que siempre habrá oídos atentos y voces dispuestas a repetir hasta el cansancio que la culpa la tiene el otro y no uno.

 

Al final del artículo de LA NACION, el autor pone el "dedo en la llaga" al señalar acertadamente que detrás de las filosofías e ideológicas, tanto de izquierda como derecha, que llamaron al cambio revolucionario del sistema hay simplemente resentimiento. Dice al respecto que "Los colegios y las universidades deberían enseñar, junto con la historia de las corrientes políticas, la biografía de sus inspiradores y promotores. Tal vez así podríamos ver hasta qué punto ciertas corrientes filosóficas y construcciones ideológicas que embriagaron a millones de personas pueden ser el producto sublimado de resentimientos personales, de envidias y frustraciones no asimiladas".

 

Es que si uno descubre que es lo que sostuvo al comunismo y al nazismo ve que en última instancia no fue la ideología sino el resentimiento personal en el corazón de sus fundadores y adalides que tuvieron a su vez  la capacidad maligna de explotar el que hay en el corazón de todos nosotros.

 

Por eso ningún cambio política o social que excluya enfatizar y tener en cuenta los valores espirituales, la responsabilidad individual de cada uno, la lucha interna dentro de cada ser entre el bien y el mal, el despertar de la conciencia, y el ver la viga en el ojo propio antes que la paja en el ajeno, traerá buen resultad. Veremos por el contrario, tarde o temprano, sustancializarse

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