Uno debe esperar que los Presidentes y los líderes de una nación hablen no solo sobre lo inmediato y tangible, sino también sobre aquello, que muchas veces es "invisible" pero es sobre lo cuál esa nación de edifica: sus Valores. Por ello, el discurso del Presidente de la República, Dr. Tabaré Vázquez, en la Gran Logia de la Masonería el pasado 14 de julio, y la reiteración de los conceptos allí vertidos, en un programa televisivo el jueves 15, es un hito histórico de enorme relevancia, con una proyección futura mayor de la que hoy podemos ver.
Es que lo siglos en cuanto proceso histórico no terminan exactamente con el calendario sino que con el cumplimiento de ciclos, ciclos que pueden culminar bien o mal. Por ejemplo el siglo XIX en Uruguay no terminó en 1900 sino desde el punto de los procesos históricos en 1904.
La redefinición o más bien la correcta interpretación de lo que es un Estado Laico es una faceta que es imprescindible para proyectar al Uruguay en el siglo XXI en cuanto aspiremos a que sea una sociedad unida en valores trascendentes. En su discurso al respecto el Primer Mandatario dice: "...creo que en materia de laicidad los uruguayos hemos hecho mucho, pero no hemos hecho todo".
Cuando el Dr. Vázquez expresa en una parte de su alocución que "La palabra laicidad, como el término laicismo, derivan de laico pero, obviamente, laico, laicismo y laicidad no son lo mismo", esta ubicando las cosas en su justo término.
Más adelante agrega en su disertación: "Señores: En nuestra opinión, la laicidad es un marco de relación en el que los ciudadanos podemos entendernos desde la diversidad pero en igualdad. La laicidad es garantía de respeto al semejante y de ciudadanía en la pluralidad. O dicho de otra manera: la laicidad es factor de democracia...Desde esa perspectiva, la laicidad no inhibe al factor religioso"
Posteriormente exclamo: "¡Cómo va a inhibirlo si, al fin y al cabo, el hecho religioso es la consecuencia del ejercicio de derechos consagrados en tantas declaraciones universales y en tantos textos constitucionales!! ". Este reconocimiento nos recuerda lo que Prudencio Vázquez y Vega dijera en el siglo XIX en el Ateneo de Montevideo: "Las grandes revoluciones religiosas engendran según se ve, en la mayoría de los casos, grandes revoluciones civiles y políticas"
Afinando en su definición de laicidad, el Presidente de la República afirma: "La laicidad no es incompatible con la religión; simplemente no confunde lo secular y lo religioso" y que "Se falta a la laicidad cuando se impone a la gente. Pero también se falta a la laicidad cuando se priva a la gente de acceder al conocimiento y a toda la información disponible...La laicidad no es empujar por un solo camino y esconder otros. La laicidad es mostrar todos los caminos y poner a disposición del individuo los elementos para que opte libre y responsablemente por el que prefiera".
Dicho de otra forma, es tan erróneo imponer a los ciudadanos, desde el Estado o Gobierno, una determinada fe o creencia, como bloquear el conocimiento de las mismas, no dejándolas trascender del mero ámbito individual. Esto no es laicidad es laicismo, una ideología o sentimiento hostil a la religión, que piensa equivocadamente que cuanto menos religión haya mejor estarán las cosas.
La descripción histórica que el Dr. Vázquez hace en su discurso sobre el proceso que condujo al Estado Laico toca lo religioso y lo secular, la fe y la razón, como factores de la sociedad y vida humana pero no como aspectos incompatibles. Por ello sostiene "La laicidad, en lo que ella tiene de interacción entre lo secular y lo religioso, ha de tener al ser humano como razón y objetivo".
Su referencia a Gotthold Ephraim Lessing, una de las figuras de la Ilustración en Alemania, y a su obra "Natan, el sabio", no es gratuita mirando las raíces de esa obra y los tiempos que corre.
Lessing para escribirla se inspiró en Moisés Mendelssohn, judío que fuera su amigo y que brillara en su época como filósofo y traductor de varios libros del Antiguo Testamento al alemán. Su obra "Phaedon" que trata sobre la inmortalidad del alma fue uno de los libros más leídos de aquel tiempo y lo convirtió en un punto de referencia de los pensadores alemanes.
Mendelssohn era a su vez era estudioso de la figura cumbre del judaísmo de la Edad Media, Maimónides, quien fuera el Rabino principal en El Cairo y asesor de Saladino, que fuera Sultán de Egipto y de Siria. Mainónides represento un tiempo en el cuál las tres grandes religiones monoteístas tuvieron momentos de armonía y compatibilidad.
El discurso del Dr. Vázquez abre, lo que es harto necesario, un espacio para la reflexión y la polémica respetuosa para separar "la paja del trigo, "laicidad de laicismo".
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