lunes, 19 de marzo de 2007

LOS GOBERNANTES: ENTRE EL IDEAL Y LA REALIDAD

Debemos en cuestiones de Familia y Matrimonio evitar el fácil pragmatismo

 

Históricamente las tensiones entre la religión y la política han tenido varios escenarios. Uno de ellos ha sido el que forjan las tensiones que ya existen en la sociedad humana entre lo que es ideal y la "cruda" realidad de la vida, que aún esta lejos del estándar de perfección que un ideal establece. Y cuando me refiero al ideal no me introduzco en las consideraciones de una ideología elaborada sino en el mandato de nuestra conciencia moral, algo que Dios puso en nosotros para que innatamente rechazamos el mal y el error y exaltáramos el bien y lo correcto.

 

Un escenario crucial de ese tipo de tensiones entre el ideal y la realidad es el matrimonio y la familia. No es casualidad de que así sea. Al fin al cabo si la fuerza mas importante del universo es el Amor, este se genera y expande a partir de la relación entre un hombre y una mujer como esposo y esposa y luego va hacia sus hijos. Destruyendo al matrimonio y la familia se destruye la fuente del Amor puro y de todos los valores que pueden hacer de este mundo un mundo mejor.

 

Por ello los gobernantes y legisladores deberían tener mucho cuidado en no caer en un fácil pragmatismo a la hora de legislar acerca del matrimonio, la familia, y la relación de los padres con los hijos. Los gobernantes no deberían ejercer su poder para convalidar el error, por el hecho de que el error este manifiesto en la sociedad. Si  esa es la línea de conducta que se impone iremos  cruzando un límite tras otro hasta llegar a darse cuenta que tras el último límite que se cruza se encuentra el abismo.

 

Generalmente que los problemas materiales y temporales, encubren los problemas más profundos y básicos. Por ejemplo hablamos del aumento del dólar, la crisis Argentina, los gastos del Estado, el desempleo, todas cuestiones importantes pero hablamos poco de otros asuntos como son la crisis del matrimonio, la disolución familiar, la educación de los hijos y los fenómenos sociales como el embarazo soltero, los hogares monoparentales, la baja natalidad ( y desigualdad en sus índices entre los sectores pobres y los más pudientes) asuntos todos que ponen en duda como pocos la viabilidad de Uruguay como nación y sociedad igualitaria e integrada en lo social y material, y sana y fuerte en lo espiritual y moral

 

Todo esto viene a cuenta de un proyecto de ley del Senador Rubén Correa Freitas legislando en materia de divorcio (con el fin de facilitar la separación de las partes para evitar los difíciles trances de ventilar las diferencias y episodios de una relación frustrada) y del posterior envió por parte del Poder Ejecutivo de un proyecto también en materia de divorcio que sustituye la iniciativa del citado legislador. En la exposición de motivos de la propuesta del Ejecutivo se dice que "Si se aplicará la ley – el proyecto de Correa Freitas – el matrimonio quedaría vació de contenido, sería un mero acto burocrático en el cuál los cónyuges no comprometerían sus esfuerzos para la consolidación de una familia tanto para sí mismo como para con los hijos que con conciencia y voluntad procrean, premiándose la irresponsabilidad y exonerando de culpa este hecho, en perjuicio del cónyuge inocente y que ha cumplido sus deberes matrimoniales, y también en perjuicio del Estado".

 

Los cambios en la legislación referida a la familia y el matrimonio y todo lo que de estas instituciones derive deberían basarse en ciertos parámetros claros, no ambivalentes, ni confusos. En estas cuestiones como en todas las que tienen ver con los valores más vitales y sagrados, el relativismo se paga con degradación moral y social. El tan mentado criterio de que el legislador debe acompañar los cambios sociales no debe ser una ley absoluta para convalidar mediante leyes y actos gubernamentales todos los cambios que suceden.

 

Como ejes para la legislación y actos de gobierno referido al matrimonio y la familia creo que debería ser tenidos en cuenta el alentar, defender, promover, premiar como fundamentales los siguientes:

 

·                    La Paternidad y Maternidad responsable; 

·                    El Matrimonio (entre un  hombre  y una mujer) y la Familia constituida y estable;

·                    La Educación prematrimonial, desde los ámbitos públicos y privados, haciéndola los más extensiva posible en número de parejas que la recibe como en su calidad y tiempo;

·                    La Educación para el matrimonio y la familia en los centros de Primaria y Secundaria como una forma de educación moral y ética elemental.

·                    A los matrimonios jóvenes mediante incentivos  espirituales, materiales y sociales.

 

También se debería desalentar al divorcio "fácil". En por lo menos tres Estados de EEUU (Arizona, Arkansas, Lousiana, y próximamente lo harán Texas y Iowa) frente a las altas tasas de divorcio se esta adoptando legislaciones que se basa en tres soportes: una mejor preparación prematrimonial; terapias para solucionar conflictos y restricción a las casuales de divorcio. Tampoco se debería legislar igualando el valor de las "uniones libres" con el matrimonio legalmente constituido y por el contrario alentar a aquellas mediante distintos medios a constituir matrimonio.

 

Debemos esforzarnos en que las dificultades del presente y las tendencias sociales a evitar cualquier ley moral y ridiculizar los ideales elevados, tuerzan la voluntad de hacer el bien que en este caso es poner todos nuestros medios espirituales y materiales a favor de la cultura del "matrimonio" y oponiéndonos a la cultura del "divorcio", a la cultura del "nosotros" (mi esposa o mi esposo, mis hijos) sobre la cultura del "yo". No lo dice una iglesia lo dice la conciencia.

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