Acerca de la admisión del Presidente Clinton
Muchas personas en el mundo y en particular en el Uruguay, se asombran acerca de todo el escándalo y atención que ha generado en los EE.UU. el tema de las relaciones extramaritales del Presidente Clinton con varias mujeres y en particular con una, Mónica Lewinsky. También observan despectivamente la posibilidad de que el reconocimiento de culpa y el pedido de perdón, un acto de neta esencia religiosa, pueda ser un camino para la solución de este tipo de situación donde lo que está en juego no es sólo una persona sino una posición de enorme gravitación, la de Presidente de la nación más poderosa del mundo.
Las diferentes objeciones que tienden a disminuir la importancia y gravedad del asunto no tienen en cuenta varios aspectos en nada menores. En primer lugar, las tradiciones espirituales y cívicas de los EE.UU., tradiciones que vienen desde los primeros pobladores de Nueva Inglaterra, pasando por los Padres Fundadores y la Guerra Civil, hasta nuestros días. El Presidente Nixon debió abandonar la Presidencia por una cuestión que hoy a la luz de lo que sabemos ha pasado, antes y después de su gestión, puede parecer una nimiedad. Sin embargo, el debió resignar su cargo por que mintió. Era un Presidente que había llevado adelante iniciativas de política exterior de enorme valor y dimensión histórica como fue el acercamiento a China Popular y las gestiones para la Paz en la guerra de Vietnam. Nada de eso pudo finalmente ocultar lo que él había hecho en el caso Watergate.
En realidad lo que debemos ver detrás de todo es como una nación y otra responden frente a este tipo de asunto. Eso hace en última instancia a la fortaleza cívica y a la convicción moral de una nación comparada con otras. Mirando desde este punto de vista podemos decir sin temor a equivocarnos que esa fortaleza y esa convicción es mayor en los EE.UU. que en gran parte del mundo.
En segundo lugar, no estamos ante un asunto de la vida privada del Presidente Clinton como se pretende argumentar. Varios meses atrás escribí aquí una columna titulada "Los actos privados siempre tienen consecuencias públicas" haciendo referencia a este mismo tema. En verdad mirando desde un punto de vista existencial ningún acto individual deja de tener consecuencias públicas y podríamos dar miles de ejemplos sobre esto. Pero menos lo tiene cuando quién lo comete es el Presidente de una nación. Las consecuencias públicas de un acto privado están en proporción a la responsabilidad de quién lo realiza. Más aún, el "affaire" Clinton-Lewinsky tuvo lugar en la sede del Gobierno de la nación, la Casa Blanca. En este sentido tanto el hogar donde reside la Familia como el edificio donde reside el Gobierno deben ser lugares sagrados por lo que ellos representan para el bienestar de la nación.
La justificación habitual de que esto ya ha pasado anteriormente y que seguramente seguirá sucediendo no es un argumento válido. Jesús advertía que el que este libre de pecado que tire la primera piedra, pero esto no fue dicho para justificar el pecado sino para alertarnos sobre el hecho de que todos hemos cometido actos egoístas en nuestra vida. Si perdemos este punto de vista convalidaremos el error y el relativismo moral.
Por último y lo que me parece es una señal de los tiempos es que las instituciones libres no podrán sobrevivir los avatares del siglo venidero sino es sobre un fuerte orden moral individual y familiar. Eso es lo mínimo que uno puede pedir de sus líderes y de uno mismo. Por que al fin al cabo de lo que estamos tratando no es sino de una "relación impropia y equivocada" del hombre que tiene tal vez en sus manos más poder en el mundo. Seguramente sus ciudadanos les gustaría que no sólo condujera bien la economía, guiará correctamente las relaciones internaciones, sino que también fuera un buen ejemplo para sus hijos, en fin, un líder en el cual se pueda confiar en las pequeñas y grandes cosas. De la misma forma que el niño se encontrará desamparado si sus padres le mienten, los ciudadanos se sentirán sin guía si el Presidente de su nación no actúa con rectitud y verdad.
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