Entrando en la era de la responsabilidad y del compartir.
El pasar de una era caracterizada por la confrontación y la lógica implacable que la victoria implicaba indefectiblemente la destrucción del adversario, a una era de cooperación, es algo muy difícil para todos. Una confrontación siempre deja heridas abiertas, quejas y reclamos, desconfianzas entre las partes, y dudas sobre los verdaderos motivos por el que las personas o los grupos cambian. Hay acercamientos pero con temor, un temor a que mientras una mano se tiende hacia nosotros la otra pueda ocultar detrás de la espalda un puñal. Además de ello, no todos los oponentes, de uno u otro bando, se adaptan fácilmente a los nuevos tiempos y sus adhesiones a las viejas premisas ideológicas o metodológicas refuerzan sentimientos negativos. Pero como en todos los asuntos importantes no debemos dejar que el "árbol" que tenemos ante nuestros ojos nos impida ver el "bosque". No sólo debemos mirar los pequeños "arroyos" debemos también ver la dirección en la que se mueve el "río" hacia donde todos los "arroyos" finalmente fluyen.
Desde una visión global podemos afirmar que después de la "Guerra Fría", los enfrentamientos entre la "derecha" y la "izquierda", señal distintiva de la historia posterior a la Revolución Francesa, han sufrido una modificación sustancial. En el plano ideológico y axiológico hay un conjunto de premisas y principios que se han "universalizado" y han llegado a ser aceptados en forma abierta o con cierto rubor o disimulo, tanto por la "izquierda" como por la "derecha". Los programas políticos, económicos y financieros de los partidos que con matices giran cerca de un "ala" u otra, tienen como eje principios comunes y se distinguen hoy por matices, que a veces son exacerbados con propósitos electorales. Este no es un proceso lineal ni en todos los países se da con la misma intensidad pero es si un proceso de escala universal. Ejemplos de lo anterior son el reconocimiento del derecho a la propiedad privada, de la importancia de la iniciativa privada, y de la necesidad de redimensionar y redefinir el tamaño y el papel del Estado. En lo político el reconocimiento de que no se deben imponer las metas propias mediante el uso de la violencia de cualquier signo y la aceptación de las reglas de la democracia liberal.
Esto es tan así que los electorados comienzan a definirse más por la personalidad, el perfil y la forma de pensar de los candidatos que por las adhesiones a los aparatos partidarios y a los programas, que, aunque muy elaborados, pocos conocen. No digo que este bien sino que es la descripción de una situación que tiene sus pro y sus contras.
El sentido que tenían las definiciones "derecha" e "izquierda" en la época de la Guerra Fría se ha modificado. No afirmó que se hayan diluido, sino que lo que se percibe es que se han acercado más hacia una definición más natural a la cual se deben ajustar las diferencias y matices que "derechas" e "izquierdas" tengan entre sí. No es un juicio sobre lo que sucedió y sobre la legitimidad de cada posición en la antigua confrontación durante la Guerra Fría, que lo tengo, sino que es mirar hacia el futuro desde una óptica diferente
Nadie puede discutir que tenemos un brazo derecho y un brazo izquierdo, que tenemos por igual una pierna y pié derecho y una pierna y pié izquierdo, y que tenemos también muchos otros pares correlativos. Nadie puede discutir tampoco que ambos son necesarios para vivir correcta y plenamente. Es más, todos ellos, han sido creados como complementarios entre sí. No es razonable vivir armónicamente sin que haya cooperación entre ambos. Usemos nuestra imaginación y veamos que puede suceder con nuestro ser si el píe izquierdo se niega a acompañar el avance del píe derecho y viceversa. Si el brazo izquierdo quiere levantar algo y el derecho se niega y viceversa. Nuestra vida sería una locura y estaríamos destinados al colapso. ¿Por qué hay pues armonía entre lo derecho y lo izquierdo en el cuerpo humano? La razón es que todo ha sido creado para un propósito superior a ambos y que existe un centro que coordina su acción complementaria, la mente.
La sociedad tiene pues en el cuerpo humano un modelo de armonía y cooperación. Pero la sociedad se parece hoy en muchos casos a un gran cuerpo sin mente, sin centro. En donde, nuestros diferentes pares, derecha e izquierda, se desgastan ellos mismos y al cuerpo en su conjunto, en una lucha estéril por defender sus intereses propios. De esa forma la sociedad marcha sin dirección clara y emite señales confusas. Hay inestabilidad y pocas certezas. Se hacen cosas buenas pero mucho menos de lo que se podría lograr para el bien público si hubiera una lógica y natural colaboración.
Cuando nos referimos a un centro para la sociedad (que en el caso del cuerpo físico es la mente), no nos estamos refiriendo a un centro político o a un partido o fracción política. Nos referimos a valores espirituales y éticos, de carácter permanente, y que deben inspirar y armonizar las políticas y propuestas que las "alas" "derecha " e "izquierda" pueden promover.
Muchos aspectos caracterizan a una y otra "ala". Sin embargo, si uno los observa desapasionadamente se ve que los mismos no son contradictorios sino que por el contrario se complementan. Hay un tiempo para los cambios y un tiempo para conservar. Aún más, se puede cambiar y conservar a la vez. Hay un tiempo para acelerar y otro para frenar. Hay derechos pero también deberes que no pueden ser obviados sino por el contrario cumplidos. Se puede exigir libertad pero ella va junto con responsabilidad. Es también legítimo pedir pero también muy necesario antes que nada, uno hacer. Es justo distribuir pero eso exige crear con ese mismo propósito de justicia. Muchas otras características podríamos citar. Pero lo que importa subrayar es que todas esas características son aspectos correlativos de una misma realidad. Unos enfatizan más una cosa que la otra. Eso es lícito. Pero lo que no es lícito ni es correcto es negar la otra cara de la moneda y el fomentar el odio, la intolerancia, y un espíritu destructivo para defender puntos de vista unilaterales (no hay peor mentira es una verdad a medias).
La situación latinoamericana, los nuevos gobiernos electos, las próximas elecciones en países como Uruguay, la dilucidación de la situación en Venezuela, la agitación en Bolivia y Perú, y la guerra interminable en Colombia, en fin un continente en ebullición y búsqueda agitada y aún violenta de su destino, debe hacer repensar a las dos “alas”, lo que la historia le exige. El poder se ha fragmentado y aparece más compartido que nunca. Muchos observadores ven en esta situación el anunció de futuras tormentas. Por mi parte, creo que también es una gran oportunidad para que las dos "alas" cambien y aprendan una de otra. Unos a ser responsables y otros a compartir. Más allá de los avatares políticos se ha terminado la época de ponerse en una forma muy cómoda en la vereda de enfrente y desde allí desvalorizar, criticar y dificultar lo que el otro hace, como se ha terminado también la época en que se podía pretender dirigir un país sin compartir el poder y dar a cada uno el lugar y el respeto que se merece.
lunes, 19 de marzo de 2007
DERECHAS E IZQUIERDAS
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario