lunes, 19 de marzo de 2007

BASES INAPROPIADAS PARA DECIDIR EL VOTO CIUDADANO

En el sistema democrático y también en las transiciones entre un sistema autoritario o resolver un estado de crisis muy grave, el voto popular ejercido en elecciones para presidentes y parlamentos, es la forma normal para lograr modificaciones en la conducción de un país, y cambiar aquello que se desea cambiar o para afianzar una línea de acción gubernamental que ha dado resultados.

 

Las elecciones son más de un mero ejercicio de los derechos ciudadanos son siempre una prueba de fuego para los valores y la sabiduría de una sociedad. En la sociedad actual tan impregnada de inmediatismo; utilitarismo; llena de livianas opiniones pero escasa en creencias firmes y compromisos sólidos; siempre atenta a los posibles rasguños a corto plazo pero poco atenta a las catástrofes que se avecinan en el futuro, el liderazgo político tiende a ver no más allá de la próxima elección, o más bien ahora, de la próxima encuesta.

 

Es que las encuestas se han convertido en un nuevo poder en la democracia dado que los líderes están muchas veces más atentos a sus resultados que a otras cuestiones. De tal forma suceden hoy las cosas que, cada encuesta es como una elección, en donde la "opinión pública" emite su sentencia según la coyuntura y el talante de la gente en cierto momento, y los gobernantes y opositores corrigen su rumbo según ellas.

 

Hoy más que antes, hay una  condicionante entre los valores de una sociedad,  una sociedad donde existe confusión acerca de cuales son los valores primordiales, con los valores que practican sus líderes. Las democracias hoy están llenas de dirigentes políticos pero escasos de estadistas. Más bien criticamos hoy duramente cuando alguien actúa por convicciones que están en contra de la corriente.

 

Muchas veces las quejas ciudadanas con respecto a sus dirigentes son fruto de que vemos en ellos, tal cual un espejo, aquello de nosotros que no nos gusta y que evitamos aceptar como un defecto. Miguel Unamuno decía que "a un pueblo no se le convence sino de aquello de que quiere convencerse; cuando creemos haberle dado un idea nueva, si la recibe, es que la hemos sacado de las entrañas de su propio pensamiento...".

 

Entonces el voto es en la democracia antes que un derecho electoral político una responsabilidad moral muy importante por que con él estoy decidiendo la vida de mi nación. Hay por cierto varias trampas y peligros que todos debemos sortear al momento de cumplir nuestra responsabilidad. ¿Cuales son?:

 

Primero. Votar basado en el resentimiento. Por ello a la hora de definir nuestro voto no es bueno hacerlo con un corazón ácido, de fácil crítica, negativo, que ve sólo lo malo y deja de lado cosas buenas. El resultado de optar por un candidato por el mero rechazo a otro, o por resentimiento, o por odio, o por la búsqueda de una mejor posición para mí, o por otras razones subalternas trae siempre el peor de los resultados. La naturaleza de la fuerza espiritual y emocional que impulsa a un candidato, negativa-destructiva o positiva-constructiva, marcará el tono de un gobierno y su obra. Del resentimiento, y del mero afán destructivo nunca surge nada bueno. El error nunca es reparado por otro error. Generalmente lo que sucede que el segundo error es peor que el primero.

 

El resentimiento es una fuerza poderosa y razón tenía el escritor inglés del siglo XVIII, Samuel Johnson, al decir que "El que se mueva para persuadir a las multitudes de que no están bien gobernadas como merecería ser, siempre tendrá auditores atentos y favorables"

 

Segundo. No ver las consecuencias a mediano y largo plazo de mi decisión. El resentimiento como motor de una elección, no permite apreciar el "día después". O sea, después de haberme desquitado, ¿viene algo mejor?, ¿que es lo que realmente cambia? Esas preguntas deben encontrar respuestas para dar un voto responsable.

 

Tercero. Elegir en base a la imagen de un candidato y no a su carácter y sus ideales de vida y de gobierno. Debemos recordar que lo que gobierna en última instancia a una persona no es su imagen, ni los atributos individuales, sino su carácter (bien o mal formado). El carácter no se muestra con lindas palabras (aunque no tiene por que estar ajeno a ellas)  sino en una vida donde hay armonía entre nuestros dichos y hechos. La gente que alcanza grandes alturas pero carece de un carácter sólido va al desastre de cabeza. El buen carácter se muestra entre otras cosas por armonizar liderazgo personal con capacidad de trabajar con otros, aún aquellos que parecen más lejos de él.

 

Cuarto. Votar por quienes nos prometen hacer la vida más fácil y no por quienes nos quieren guiar a hacer lo correcto. Ver las promesas y no su justicia ni su grado de realización. Las palabras y promesas no son necesariamente programas de gobierno. Es obvio que los candidatos deben sintetizar sus propuestas en lo que se llaman "ideas fuerzas". Ciertos mensajes atrayentes que son captados en forma nítida por los ciudadanos ganando con ellos su  adhesión. Pero no debemos aceptar ser como ciudadanos, un simple producto del mercado electoral, que es captado por un hábil marketing publicitario. Debemos preguntarnos  si detrás de esas "ideas fuerzas" hay un programa de gobierno técnicamente sólido y desarrollado. Si hay un equipo de ciudadanos que pueda llevarlo adelante y formar un equipo de gobierno eficaz. Y si lo que proponen es realmente – aunque signifique sacrificio – lo correcto o una simple estrategia política para ganar incitando al "facilismo".

 

Quinto. Pensar que "cambio" implica siempre mejora. Hay muchas cosas que deben cambiar entre ellos seguramente muchos líderes actuales. Debe haber cambio y renovación pero esto no es en si mismo ni una panacea ni un fin en si mismo. Podemos cambiar también para algo peor, debido a las malas alternativas que se nos presentan o a la ausencia de un juicio justo y equilibrado sobre la actuación de un candidato.

 

Sexto. Como antítesis de lo anterior no arriesgar nada para intentar conservar todo. Seguramente lo que pasará es que a la larga perderemos todo. Por que la situación exigía cambiar y rápido. En los últimos quince años el mundo cambio de manera vertiginosa y los países que se adaptaron rápidamente a esos cambios hoy prosperan – y aún siendo pequeñas naciones – están en mejor situación que otras naciones de mayor porte.

 

Por último, guiarse por actos impactantes y no por trayectorias que son las que exponen los verdaderos  propósitos.  Hoy es difícil, si somos objetivos, ver diferencias profundas entre los programas de diferentes candidatos en el mundo. Lo que debemos pues es ver trayectorias (años de vida) que muestran los verdaderos propósitos de una persona. Una misma promesa en la voz de dos candidatos puede conducir sin embargo a dos situaciones diferentes debido a propósitos diferentes detrás del realizarla.
 

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