lunes, 19 de marzo de 2007

EL VOTO QUE ALMA PRONUNCIA....

El pueblo uruguayo esta a solo cuatro días de definir no sólo el futuro gobierno y parlamento sino el rumbo que quiere darle a la sociedad y a la nación en un momento único de la historia del mundo.

 

Es bueno que en un esfuerzo todos tomemos cierta distancia del evento electoral del domingo, apacigüemos nuestros corazones y clarifiquemos nuestras mentes Ellos nos permitirá cruzar lo más serenamente posible este período de turbulencias y hacer una buena opción como sociedad.

 

Los ciudadanos nos quejamos habitualmente de nuestros gobernantes y tenemos siempre una palabra crítica para la clase política en general. Más allá de la clase política tiene una importante cuota de culpa en haber creado ese clima de desconfianza no podemos obviar el hecho que las críticas son muchas veces injustas y los aspectos negativos son exacerbados. Nos olvidamos que los candidatos, los gobernantes, los políticos en general no son sino el producto de la cultura nacional. No son seres de otro mundo sino que son ciudadanos de este país como cualquiera de nosotros, con valores y sentimientos comunes a los nuestros. Con virtudes y defectos como las que también nosotros tenemos.

 

Por eso no es bueno mirar hacia el costado y decir yo no tengo nada que ver con lo que pasa o con lo que va a pasar. Por el contrario la sociedad y el sistema democrático en particular exige una alta cuota de responsabilidad cívica de cada ciudadano. Una responsabilidad que no se limita a poner un sobre en una urna en cada oportunidad en la que somos convocados. Esa responsabilidad cívica debe ser diaria y expresada a través de nuestra participación y aporte positivo como parte de una comunidad, sociedad y nación.

 

Por ello a la hora de definir nuestro voto no es bueno hacerlo con un corazón ácido, de fácil crítica, negativo, que ve sólo lo malo y deja de lado muchas cosas buenas. El resultado de optar por un candidato por el mero rechazo a otro, o por resentimiento, o por odio, o por la búsqueda de una mejor posición para mí, o por otras razones subalternas trae siempre el peor de los resultados. La naturaleza de la fuerza espiritual y emocional que impulsa a un candidato, negativa-destructiva o positiva-constructiva, marcará el tono de un gobierno y su obra. Del resentimiento, y del mero afán destructivo nunca surge nada bueno. El error nunca es reparado por otro error. Generalmente lo que sucede que el segundo error es peor que el primero.

 

Cuando tomamos decisiones basados en resentimiento, prejuicios, ignorancia, somos fáciles presas de la demagogia, y de promesas vacuas, que aumentan nuestra irresponsabilidad dado que enfatizan las culpas ajenas y no las suyas propias y la responsabilidad de los ciudadanos.

 

Creo que un primer punto para la reflexión del voto es ver cual es el corazón y el propósito que esta detrás de las diferentes campañas, de los diferentes candidatos, de sus palabras y propuestas. Si las mismas se centran más en ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio hay allí un valor que no es bueno para mi país.

 

En segundo lugar está la trayectoria de los candidatos. Algo que nos debe pasar a la gran mayoría es que idealizamos y por lo tanto ninguno de los candidatos reúne las condiciones óptimas que desearíamos para un futuro Presidente de la República. Deseamos a alguien que no tenga nuestros defectos. Pero no existe en un cien por ciento. Eso ha sido definido vulgarmente como elegir el menos malo. Sin embargo, no es justo el definir el voto de esa manera. Sabemos que nadie nos da una seguridad total de que todo lo que promete se cumplirá. Pero si miramos la trayectoria de cada uno podemos ver quién ha mostrado mayor coherencia y la voluntad de cumplir con lo que prometen,  de no temer pagar un precio político por intentar realizar sus convicciones o programa de gobierno.

 

En tercer lugar, las palabras y promesas no son necesariamente programas de gobierno. Es obvio que los candidatos deben sintetizar sus propuestas en lo que se llaman "ideas fuerzas". Ciertos mensajes atrayentes que son captados en forma nítida por los ciudadanos ganando con ellos su  adhesión. Pero no debemos aceptar ser como ciudadanos, un simple producto del mercado electoral, que es captado por un hábil marketing publicitario. Debemos preguntarnos  si detrás de esas "ideas fuerzas" hay un programa de gobierno técnicamente sólido y desarrollado. Si hay un equipo de ciudadanos que pueda llevarlo adelante y formar un equipo de gobierno eficaz.

 

En cuarto lugar, debemos ver, teniendo en cuenta la realidad de un país fuertemente divido en lo político, que capacidad tiene cada candidato de crear un gobierno con un fuerte respaldo extrapartidario que le permita gobernar con mediana eficacia y capacidad de realización. El gobierno no se realiza generando muros sino derribándolos. No es lógico pensar que quién sube en la escalera del poder a fuerza de criticar y criticar a sus oponentes podrá tener luego el "amor" y "apoyo" incondicional de ellos. Votamos pues no sólo por un candidato sino por la capacidad de crear un gobierno que se sustente en mayorías.

 

En quinto lugar, los ciudadanos deberíamos apreciar la capacidad que muestran cada uno de los candidatos para insertar a Uruguay en el mundo. Nos guste o no las peripecias del proceso integrador, y aunque el mismo es perfectible, lo que es seguro es que no podemos esquivarlo. La visión y capacidad que muestre el nuevo Primer Mandatario para insertar de la mejor manera a Uruguay en la región, el continente y el mundo y apreciar los mejores caminos para que nuestro país se inserte en la aldea global.  

 

En última instancia, deberíamos estudiar las raíces y los orígenes ideológicos y políticos de los candidatos, de las fuerzas que los sustentan, y cuanto ellos han aportado a la historia del país, a su idiosincrasia, a la formación de sus grandes y mejores valores nacionales, entre los cuales está la tolerancia y el respeto mutuo. Medir también la capacidad de respetar esos valores que tenga el Presidente, su entorno y sus apoyos políticos. Preguntarnos si agudizará las diferencias, las divisiones y los conflictos que separan a los uruguayos o por el contrario será un elemento de concordia, armonía y unidad. Entre la defensa de esos valores nacionales está en primer orden por supuesto el fortalecimiento de los valores éticos, la defensa de la familia, la buena educación para los jóvenes, entre otros.

 

Es cierto que Uruguay tiene muchas cosas que debe cambiar, muchas otras que nos angustian y nos llenan de alarma. Pero de igual forma es cierto que hemos construido un hermoso país en el cual millones de personas de todos los continentes y razas estarían complacidos de vivir. Cuando votemos el domingo no debemos olvidar que se trata no sólo de elegir un Presidente sino también de preservar lo mejor de nuestros valores y tradiciones y de encontrar dentro de las distintas opciones aquella que puede darnos la esperanza de que sobre esos valores y tradiciones podremos cambiar,  mejorar y hacer juntos un mejor país en el siglo venidero.  Y no olvidarnos que para levantar el país no basta una sola mano, sea la derecha o la izquierda, necesitamos de las dos trabajando juntas.

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