viernes, 16 de marzo de 2007

HACIA UN ENTENDIMIENTO DE LA RAIZ DE LA CORRUPCION

La fuente que altera y trastoca la forma original de las cosas

 

 

El diario CLARIN del día de ayer, trae un informe acerca del descubrimiento en la República Popular China de un gigantesco proceso de malversación de fondos públicos del orden de 30.000 millones de dólares, proceso que habría ocurrido en los años 1998 y 1999. El descubrimiento de esa malversación, realizada a través de muchos y diferentes casos de corrupción, fue el resultado de  una investigación a cargo de la Auditoría General de aquel país , ordenada por el Primer Ministro chino, Zhu Rongji.

 

Durante los últimos años, el Gobierno comunista chino ha redoblado sus esfuerzos para combatir la corrupción estatal y por lo menos 1.700 funcionarios pertenecientes a 112.000 organismos y empresas del Estado han sido sancionados y expulsados de sus puestos. Aún más, en los últimos tres años, 250 funcionarios del gobierno y del Estado han sido juzgados y penados con la pena de muerte, y posteriormente ejecutados.

 

La efectividad de estas medidas es sin embargo cuestionada. En opinión, dice el académico Chi Fuyang, investigador de la Academia de Ciencias Sociales de China, "estos duros escarmientos parecen ser inefectivos, lo cual pudiera indicar que el problema de la corrupción en este país habría llegado a niveles imbatibles". La opinión pública china esta presionando a su Gobierno para no bajar los brazos frente a este fenómeno y las encuestas muestran que la corrupción constituyen para el ciudadano común el principal problema.

 

El motivo de escribir sobre este tema no es sin embargo hablar sobre lo que sucede en China Popular y como se enfrenta allí el problema de la corrupción sino ir más allá y sondear - al menos someramente - en lo que son las raíces más profundas de la misma.

 

En  primer lugar aunque parezca a esta altura de los tiempos, palmario y elemental decir que la corrupción es algo que trasciende todas las fronteras, ya sean ellas de orden ideológico, cultural, social o racial, me parece importante reafirmarlo. No es una enfermedad de la derecha o de la izquierda, de los ricos o de los pobres, o solo de los gobernantes,  es por el contrario el resultado de la tendencia hacia el egoísmo con la cual todos nos enfrentamos.

 

Mi segunda observación se refiere a que la corrupción es generalmente asociada al robo o mal uso de los dineros públicos o al uso de las posiciones de poder público para el enriquecimiento personal y todo ello siempre vinculado a la clase política. Y no es que eso no suceda. Sucede en mayor o menor grado, dependiendo de muchos factores, en todos los países del mundo. Como dicen los evangelios aquel que dice que no tiene pecado, miente.

 

No obstante ello me parece absolutamente limitativo e insuficiente tanto el hablar de corrupción sólo en referencia al mal uso de los dineros públicos o del poder, como el señalar a los gobernantes o a los políticos, como los únicos que tienen la tendencia a caer en actos de corrupción. Ambas cosas me parecen como dije, interpretaciones limitativas e insuficientes, cuando no falsas. Me gustaría usar para calificar esta situación el mismo título de un artículo de prensa que leí recientemente: "Ese exquisito arte de culpar a los otros". La culpa esta en los otros, no en mí. Siempre hay un "chivo expiatorio" para explicar mis problemas y desventuras.

 

Un acto de corrupción es un acto por el cual se altera y trastoca la forma original de una cosa. Por ello, podemos ver que la corrupción económica y política puede ser la imagen más visible o escandalosa de alterar o trastocar la forma original una cosa. En este caso, lo que cualquier sociedad espera, es que sus gobernantes y líderes actúen con rectitud y sean ejemplos para todos. O sea que mantengan y perfeccionen el estado original de las cosas, lo que es simplemente un buen gobierno.

 

La realidad sin embargo es que  la corrupción de los gobernantes o líderes políticos es solo una parte de la corrupción que hay en la sociedad, aún de la económica. Cuando cualquier funcionario público, aun de un escalafón menor, usa el grado de poder que tiene en su favor, eso es corrupción. Cuando cualquiera de nosotros como ciudadanos, dejamos de cumplir con nuestros  deberes, estamos haciendo un acto de alterar y trastocar lo original. Una sociedad y una nación no puede llegar a funcionar sanamente sin que los ciudadanos tengamos la aptitud positiva de cumplir con nuestras responsabilidades.

 

Al punto al que quiero llegar es que al analizar y enfrentar la corrupción debemos tener una visión más completa de ella. Implica reconocer que existe un estado original de las cosas y que tendemos a ese estado original a través de una naturaleza humana de bondad de la cual es guardián, nuestra conciencia. Pero a la vez implica reconocer que existe en nosotros, antes que en las estructuras sociales y políticas (el pecado individual es la base del pecado social) , una naturaleza desviada que nos lleva a alterar y trastocar para el mal ese estado original..

 

Nuestra oposición y rechazo a la corrupción surge pues de nuestra conciencia moral y ella lucha en contra una tendencia que nos hace tender hacia una dirección opuesta. Por ello el Apóstol Pablo advertía que queriendo hacer el bien muchos veces termino haciendo el mal.

 

Aunque la sociedad debe establecer leyes y normas precisas en contra de la corrupción debemos saber que en esto, como en otras cuestiones tan importantes, la primer línea de combate esta dentro de uno mismo. Cuando un gobernante o un líder llega a cometer un acto de corrupción lo hace apoyado en las oportunidades que le da el acceder a recursos o poderes a los que no acceden el resto de la ciudadanía. Pero no es que esas circunstancias lo determinen a ello. Sin duda ya había algo dentro de él, una debilidad moral, que lo hizo vulnerable a la tentación. Muchas veces cuando criticamos a quienes gobiernan o ejercen el poder y generalizamos diciendo que ellos se "llenan los bolsillos" , y más allá de no tener tal vez ninguna prueba concreta que avale nuestro juicio, deberíamos primero pensar en como actuaríamos nosotros en esa misma posición y circunstancias. Cuanta veces hemos, con respecto a algún gobernante, y como forma de justificarlo y alabarlo, dicho "robaba pero dejaba vivir". Ese "vivir" no era sino la "vista gorda" frente a nuestros propios actos de corrupción, menores, pero no por ellos menos nocivos.

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