Los municipios como escuelas cívicas básicas insustituibles
Los cambios culturales, sociales, económicos y científico-tecnológicos están ejerciendo una presión creciente sobre los líderes y el sistema político. Los ciudadanos y las sociedades desean, que tanto los líderes como el sistema, puedan dejar detrás los errores y vicios del pasado y se renueven construyendo una mejor y más moderna realidad que desde el punto de vista ético como práctico de satisfacción a las exigencia de este tiempo de la historia.
En EE.UU. la actual campaña de las primarias, de los partidos Republicano y Demócrata, están mostrando una creciente proclividad de la ciudadanía y sociedad norteamericana a favor de una reforma política. Las evidencias de que la capacidad en colectar fondos que un candidato tiene, pesan forma decisiva - dejando de lado otros factores personales -, a la hora de decidir quienes serán los postulantes partidarios a la presidencia de la nación están molestando la conciencia de millones de ciudadanos. No en vano la disputa entre los dos principales pre candidatos republicanos, George Bush y John McCain, ha girado en gran medida alrededor del tema de cómo y donde proviene el dinero para las campañas políticas.
La desilusión del público sobre los líderes y el sistema político ha venido creciendo en los EE.UU., amortiguado sin duda por la notable prosperidad económica que ese país tiene desde hace años. Sin duda, sin que ella hubiera mediado el destino del Presidente Clinton hubiera sido otro, frente a las reiteradas mentiras de que ha hecho gala en sus años de función pública.
Esa desilusión ha llevado al aumento de un electorado independiente que se vuelca en uno u otro sentido, apoyando candidatos que parecen estar más alejados, en sus conductas y posiciones, de los del "establishment". En la década de los sesenta solo el 1% de los electores estadounidenses se definían como "independientes". Ahora la situación se ha modificado al punto de que un 15% está dentro de ese segmento. Además de eso están más dispuestos que antes a pesar con su voto. Estos sectores cuentan ahora a su favor con Internet y la importancia que dicha red adquirió. Es una forma rápida y de escaso costo para llegar a millones de ciudadanos y familias en todo el país. Pensemos que de un total de 147 millones de personas que en todo el mundo ya acceden a Internet, más de un 50% (76 millones) residen en los EE.UU. Las nuevas tecnologías obvian el poder del dinero y el acceso a los grandes medios de comunicación y permiten generar campañas dirigiendo mensajes más personalizados y tocando los "botones" ideológicos y emocionales apropiados.
Ahora bien, el motivo de esta introducción es moverme en dirección a la reforma política que en Uruguay inauguramos en 1999 con las elecciones internas en los Partidos Políticos y con la segunda vuelta para elegir el Presidente entre los dos candidatos más votados de las elecciones de octubre. La reforma política, que duro casi una década en concretarse (hay que recordar que se comenzó a hablar de ella en el primer Gobierno del Dr. Sanguinetti) fue una reforma a la "uruguaya". Por los tiempos (más de los necesarios), por sus vacíos y olvidos ( la necesidad de crear consensos muy amplios para lograr su aprobación lleva a dejar de lado aspectos importantes y a crear reformas o leyes "lavadas"), y por lo gradual (avanzar pero no mucho) y por el temor de desatar las cosas ofreciendo una mayor movilidad y libertad de elección. La reforma tiene aspectos muy positivos y genero y generara cambios mayores pero no ha tocado algunos resortes vitales para el futuro de la democracia uruguaya.
Me gustaría referirme sólo a uno de esos resortes: las elecciones municipales. La fuerza y el vigor del sistema democrático uruguayo estará vinculado estrechamente a la capacidad de crear dirigentes a todos los niveles, capaces de comunicarse con la gente, de apreciar y resolver las cuestiones elementales de la vida de una sociedad, de ser capaces de concitar la participación cívica de la gente en la resolución de esas cuestiones y de perfeccionar las estructuras políticas para que ellas sean justamente., un instrumentos aptos tanto para ayudar a resolver los problemas como para generar espacios de participación.
No hay ningún campo de prueba mayor para todo esto que los municipios. Los municipios deben ser el lugar de formación de líderes, de perfeccionamiento de los instrumentos democráticos y de la capacidad de gerencia de los asuntos públicos. Sin ellos es como pensar que una persona puede recibirse de profesional en alguna carrera universitaria sin haber pasado antes por la escuela, el liceo y la universidad o sin haber rendido los exámenes correspondientes que lo muestran como calificado para ejercer una profesión en particular.
Por ello estimo que la reforma política fue en lo que respecta a los municipios temerosa de que se generara un efecto disolvente del poder central del Gobierno y los Partidos Políticos. La inhabilitaciones contenidas en la reforma impidieron una mayor libertad (que es finalmente el propósito del sistema democrático) del ciudadano en expresar su voluntad y elegir más apropiadamente a quién estime es el mejor vecino y a unirse por encima de sus definiciones partidarias nacionales con otros con los cuales coinciden en ese punto y en un programa de acción de gobierno comunitario. La reforma política desato parte del nudo al independizarse las elecciones nacionales de las municipales pero no lo desato del todo al dificultar en gran forma las alianzas entre partidos y sectores políticos. El resultado a la larga será un escenario no deseado: obligara a sectores de un partido político a ir bajo el lema de otro creando mayor confusión y abriendo para los mismos partidos políticos una "Caja de Pandora". Todo lo que se pretende controlar indebidamente a la larga genera una reacción peor que lo que se intento evitar.
Que las cosas sucedan así no es casualidad. Las reformas estructurales, ya sean políticas o de cualquier otro orden, exigen primero un cambio de mentalidad. Aunque muchos piensan en forma negativa y critican con un espíritu destructivo al sistema político uruguayo y sus integrantes creo que hay en el mismo la reserva moral para actos de grandeza y de sacrificarse a si mismo en beneficio de la nación. El sistema de libertades en nuestro país y la democracia como el mejor régimen que lo tutela estará mejor servido si los líderes y los partidos políticos se liberan a si mismo de la terrible y nefasta lógica que hasta ahora le da una impronta negativa. Nos referimos a la lógica de que su acción esta definida por el fin de obtener y mantener el poder y no por el objetivo de administrar lo público. Esa lógica lleva a luchas estériles, a sacrificar buenos propósitos y a paternalismos que conllevan a impedir que los ciudadanos puedan hacer la experiencia cívica de tomar responsabilidad por los asuntos públicos empezando por los más elementales a nivel de su comunidad.
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