viernes, 16 de marzo de 2007

NO EXISTE CAPITALISMO SIN CAPITALISTAS NI MERCADO SIN CONSUMIDORES

En la Asamblea Anual de 1997 el entonces Presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn había expresado: "estamos viviendo con una bomba de tiempo" y hacía hincapié en las enormes disparidades sociales que son evidentes al comprobar que hay demasiada gente sumida en la miseria: el 20% de los países más ricos concentran la mitad del ingreso, mientras que el 10% más pobre se queda con menos del 1%.

 

Su sugerencia a los líderes mundiales era "eduquen a sus pueblos, aseguren su salud, denles voz y justicia, sistemas financieros que funcionen y políticas económicas sanas" y agregaba que de no suceder esto "muchos de nosotros estaremos condenados a vivir separados, armados y asustados". Desde aquel entonces, muchas reuniones y asamblea tanto del Banco Mundial, como del BID, del propio FMI, como de las Naciones Unidas, y muchos otros organismos internacionales, públicos y privados, han echo referencia a esta situación en donde para decirlo en palabras que se usaron en la Revolución Industrial del siglo XIX, millones están quedando a la "orilla del río de progreso".

 

Para algunos lo prioritario es saber quién es el culpable de esta situación y siempre habrá quienes tienen una enorme capacidad de alentar resentimientos y señalar "culpables"; conseguir importantes  pero momentáneos réditos, y habrá quienes desesperados estén dispuestos a escucharlos y seguirlos. Las grandes tragedias humanas se han asentado entre otras causas, en esos pilares. 

 

Muchas veces las "grandes soluciones" no son sino parte del problema y los "atajos", tanto de "derecha" como de "izquierda", no tienen en cuenta que a diferencia de los registros contables o los conceptos abstractos de "masas concientizadas" de lo que se trata son de vidas personales y familiares.

 

Al ingreso al nuevo milenio, más de cien millones de latinoamericanos tienen menos de 25 años de edad y  en la actualidad diversas fuentes evalúan que unos 40 millones de niños y adolescentes del continentes viven en situación de indigencia o marginalidad, y que hay una creciente utilización de la droga por los jóvenes latinoamericanos para huir de la situación así como un permanente reclutamiento de estos por las mafias criminales y por los grupos terroristas.

 

Un documento de mediados de los años noventa,  originado en la Comisión Transitoria de la Seguridad Hemisférica de la Junta Interamericana de Defensa subrayaba la existencia en América Latina de una masa inmensa de jóvenes "subempleados" y "desempleados" que son potencialmente un masa de jóvenes "rebeldes" que "podrán ser fácilmente activados políticamente" agregando que "los pueblos canalizan aspiraciones no satisfechas hacia respuestas más emocionales que racionales".

 

¿Podemos pensar seriamente en estabilidad política y social sin la participación positiva de esos millones de jóvenes? Tampoco es posible pensar que puede haber estabilidad y crecimiento económico y financiero sin una estabilidad política y social que se sustente en la honestidad de procederes y en la elevación de los puntos de miras del liderazgo político.

 

La cultura posmodernista que impregna el sistema de valores del capitalismo de fin de siglo no tiene mucho que ver con aquel espíritu ascético de los puritanos que también describiera Max Weber como el motor del surgimiento del capitalismo varios siglos atrás. La cultura pos modernista se centra en un individualismo extremo; en un consumismo exacerbado ; en la búsqueda de obtener los mayores beneficios por la vía del menor esfuerzo propio y el mayor ajeno o por un gran esfuerzo propio que todo deja de lado en la meta de hacer verdad la ley del más fuerte. Esta cultura es una cultura que lleva dentro de si una enfermedad que puede convertirse en la enfermedad terminal del actual sistema económico y financiero mundial. Valores y virtudes esenciales que deben rodear a la creatividad y el trabajo y al uso y distribución de las riquezas han sido abandonados o desconocidos.

 

Cuando digo esto no estoy hablando en contra del capitalismo, sino por el contrario diciendo que necesitamos más capitalismo. Justamente por ello no debemos olvidarnos de dos asuntos claves: a) que el capitalismo necesita de capitalistas, o sea de millones de personas con talentos, ideas, y la fuerza para crear bienes y servicios y b) el mercado para expandirse necesita de más y más consumidores con poder adquisitivo y eso no puede suceder si la riqueza no se distribuye mejor. El mercado libre con la carga a cuestas de centenares de millones de personas y familias que viven en la miseria y la marginación es como – usando una alegoría de moda – un "Titanic" buscando su "iceberg".

 

Millones de ciudadanos en América Latina buscan tener más educación, familias unidas y prosperas y buscan desarrollar su creatividad llevando adelante actividades productivas que le permitan mejorar sus ingresos y darles un buen futuro a sus hijos. Esa enorme fuerza constructiva necesita ser alentada. Los líderes deben tener confianza y apoyarla dándoles las herramientas y los medios para que desde la base hagan crecer un sistema de economía libre, sólido, sustentable y de beneficios compartidos. Esos ciudadanos necesitan educación, preparación técnica, tecnología pero  necesitan además  crédito productivo accesible y un menor peso impositivo del Estado.

 

América Latina debe estar iluminada por el ideal de la igualdad de oportunidades, que no es lo mismo que la igualdad de resultados o la "idealización" de la mediocridad. Debe estar liberada del pensar que sólo con más Estado o Mercado todos los asuntos se resuelven, por que aunque necesitemos una economía libre  y un Estado fuerte pero no grande o "fofo", necesitamos también de valores éticos que los sustenten y del cumplimiento de la responsabilidad que le caben tanto a líderes como a ciudadanos. Liberarse de la idea de sólo importa distribuir sin preocuparse por crear, o que crear es un fin en si mismo, sin estar detrás  la virtud humana de saber compartir.  

 

Más allá de eso, un impedimento grave para solucionar estos problemas y muchos otros es que hay quienes piensan que los países o el continente son como un "vaso" o un "plato". Que con una sola mano podemos levantarlo y sostenerlo. Las naciones para levantarse y sostenerse necesitan de ambas manos, la derecha y la izquierda.

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