En una conferencia ofrecida el pasado 13 de mayo,en la biblioteca del Senado de Italia, el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, expuso sobre los fundamentos espirituales de Europa. Sin embargo, su análisis y conclusiones exceden tanto a los límites del catolicismo como del Viejo Continente y son una excelente base para una reflexión más amplia.
Aunque en América Latina estemos habituados a tener en general escasa conciencia del impacto que tendrán en el mediano y largo plazo los procesos históricos y culturas de EE.UU y Europa, deberíamos estar cada vez más atentos y alerta teniendo en cuenta no sólo la natural y estrecha relación, que en todas las esferas tenemos con esos países y zonas hegemónicas de lo que se conoce como civilización occidental.
Ratzinger inicia su exposición dando una vistazo a los orígenes de Europa, su historia y raíces, hasta nuestros tiempos Llega así a introducir una pregunta que aunque destinada al Viejo Continente abarca por su peso tanto a EE.UU. como a la América Latina. ¿Podrá Europa escapar al ocaso?
Parece una pregunta atrevida en momentos en el que la Unión Europea ha culminado una etapa de ampliación y surge, al menos externamente, como más fuerte. Pero, Ratzinger, introduce un factor de enorme peso y que de hecho ha sido un factor primordial en la hora de levantar o colapsar las civilizaciones humanas: Los valores que una sociedad cree y practica.
Dice Ratzinger que "Europa, justo en esta hora de su máximo éxito, parece haberse vaciado por dentro, paralizada en cierto sentido por una crisis de su sistema circulatorio, una crisis que pone en riesgo su vida, dependiendo por así decirlo, de transplantes, que sin embargo no pueden eliminar su identidad. A esta disminución interior de las fuerzas espirituales importantes corresponde el hecho de que también étnicamente Europa parece que recorre el camino de la desaparición".
El Cardenal se refiere así a tres problemas vinculados y que se alimentan entre sí. El primero, es lo que define como una "extraña falta de deseo de futuro", dado que los hijos en la cultura europea actual (no solo la europea sino la occidental en general) son vistos como una amenaza para el presente dado que se piensa que nos quitan algo de nuestra vida. Compara esta situación con la caída del Imperio Romano, que sobreviene por que no la quedaba ninguna energía vital.
Lo segundo es que esta situación está entroncada con el hecho de que Europa necesite, para paliar su bajísimo nivel de crecimiento demográfico, de inmigración, gran parte de la cuál viene de países musulmanes. En el estudio "¿Cómo somos los europeos", se sintetizan varias investigaciones sociales sobre las referidas áreas, y aporta algunos datos y conclusiones preocupantes. En los años sesenta la tasa europea de nacimientos alcanzaba el 8 por mil, mientras que actualmente ha bajado al 2,3 por mil. Esta cifra es tres veces por debajo de los EE.UU. La conclusión es que los europeos vivirán más pero serán menos. Algunos estudian señalan que para mantener el nivel de su fuerza de trabajo y el costo de la seguridad social Europa necesita hasta el 2010, la entrada de 170 millones de inmigrantes. Las tasas de matrimonios también han descendido en toda la Unión Europea del 8 por mil en 1970 a un 5 por mil actualmente.
En tercer lugar, el índice de natalidad de los inmigrantes, al igual que sucede en EE.UU., es mayor entre los inmigrantes, los que en su mayoría, a diferencia de lo que sucede en Norteamérica, son de una religión diferente a la cristiana, dado que son de religión musulmana. Esto es lo que define Ratzinger como "una crisis del sistema circulatorio" que depende de una "necesaria transfusión exterior" que "no debe eliminar su identidad".
Recapitulando, el vaciamiento espiritual de Europa, que pone en peligro su sobrevivencia, esta sustentada tanto en la secularización extrema de sus sociedades, que han abandonado a marcha redoblada a la religión y abrazado un relativismo moral, como en un fenómeno que es la contracara del anterior. Nos referimos al creciente empuje de la fe musulmana, apuntalada en Europa, por la presencia de millones de inmigrantes, que tienen a su vez más hijos que los europeos nativos.
Más allá que para el dignatario católico sea una preocupación la decadencia de la fe religiosa cristiana en Europa (algo que no es solo patrimonio católico sino que abarca también al protestantismo tradicional), lo cierto es que una Europa secular, descreída, cuando no antirreligiosa, difícilmente podrá sobrevivir con la identidad cultural actual, lo cual afectará invariablemente su realidad política y social.
Ratzinger dice que "Occidente siente un odio por sí mismo que es extraño y que sólo puede considerarse algo patológico; Occidente si intenta laudablemente abrirse, lleno de comprensión a los valores externos, pero ya no se ama a sí mismo; sólo ve de su propia historia lo que es censurable y destructivo, al tiempo que no es capaz de percibir lo que es grande y puro". Este fenómeno, no es nuevo, y ya tuvo momentos cúspides tanto en la actitud frente al nazismo como al comunismo. Hoy se reedita con la actitud de una parte de la intelectualidad, los medios y liderazgo occidental frente a la amenaza del terrorismo de ideología islámica. Donde hay más encono contra los EE.UU. que contra Al Qaeda. Ratzinger alude particularmente, a la creciente práctica de la cultura y los medios occidentales de denigrar los valores sagrados de la religión, al punto de transformarse en un arma para destruir la dignidad y libertad de otros.
Para sus conclusiones, Ratzinger, acude a Arnold Toynbee haciendo alusión a la visión de dicho historiador que muestra la diferencia entre progreso técnico-material de una parte y progreso real de otra. Dice que Toynbee, "Define este último como espiritualización. Admite que Occidente --el mundo occidental-- se encuentra en una crisis, y su causa sería el hecho de que se ha pasado de la religión al culto a la técnica, a la nación, al militarismo. La crisis, para él, significa al final secularismo. Si se conoce la causa de la crisis, se puede indicar también el camino hacia la curación: se debe introducir nuevamente el factor religioso, del que forma parte, según él, la herencia religiosa de todas las culturas"
En 1919, una figura prominente británica y no por cierto un líder religioso, John Maynard Keynes, escribía en la conclusión de su libro "LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DE LA PAZ", cargado de negras premoniciones que años después se hicieron realidad, que: "Los sucesos del año entrante no serán trazados por los estadistas, sino por las corrientes desconocidas que continuamente fluyen
de las que nadie suele predecir sus consecuencias. Solo de un modo podemos influir en esas corrientes: poniendo en movimiento aquellas fuerzas educadoras y espirituales que cambian la opinión. La afirmación de la verdad; el descubrimiento de la ilusión; la disipación del odio; el ensanchamiento y la educación del corazón y del espíritu de los hombres deben ser los medios".
Entonces, la decadencia no es inevitable siempre que convoquemos, aunque no sea cómodo, a lo mejor de nosotros.
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