lunes, 19 de marzo de 2007

ALGUNAS ENSEÑANZAS QUE NOS DEJA LA CRISIS ARGENTINA

Política, Economía y Liderazgo

 

La crisis Argentina actual es a la fecha una crisis política que tiene como trasfondo una crisis económica y social que se viene extendiendo por los dos últimos años. Lo que sucede en la vecina orilla no nos debe importar sólo por el natural interés con que los uruguayos miramos lo que sucede con nuestros hermanos argentinos, ni sólo por las consecuencias que tendrá tarde o temprano sobre nuestra propia situación lo que allí suceda, sino también por un afán educativo: que podemos aprender de esta crisis que sea valioso para nuestra realidad nacional.

 

Un primer aspecto destacable esta en que,  aunque la crisis económica y social tiene su propia naturaleza y dinámica muchas de sus causas y la incapacidad de encontrar soluciones para la misma vienen de las carencias y debilidades del sistema y liderazgo político. Ya sea por mantener situaciones intolerables como por no tener la unidad, coherencia y desprendimiento (esto se traduce en la capacidad de pagar un costo político por hacer lo necesario) para cambiar las cosas en un sentido positivo, que es el bienestar público. Todo esto, parece demás decirlo, no es patrimonio único de un solo país.

 

En el caso argentino la crisis económica y social más haya que tenga un componente externo – como lo tiene también en Uruguay la persistente recesión – cuenta desde hace tiempo con un fuerte componente  y condicionamiento político interno. El Gobierno de la Alianza nunca ha podido actuar con la coherencia necesaria para implementar un plan que funcione. Durante el año 2000 gran parte  de la atención del Gobierno y de los partidos que la sustentan ha estado en las luchas intestinas que tuvieron su cenit en la renuncia del propio Vicepresidente de la República.

 

Esto nos conduce a un segundo aspecto que es algo así como el "pecado original". En la Argentina la Alianza triunfó sobre la ola del desgaste de diez años de "menemismo",  y  el rechazo a la corrupción campante y sin límites. Triunfo con una propuesta que enfatizó mas el ir en contra de algo que en factores programáticos que podían distinguirlos como una real opción de cambio. El "enemigo común" sirvió de poxipol hasta llegar al poder, pero cuando comenzó el ejercicio del Gobierno ese factor de unidad desapareció dando lugar a las disidencias ideológicas y liderazgos diferentes con intereses personales antagónicos. Es interesante recordar como el ahora renunciante Ministro de Economía por 15 días, López Murphy, fue acallado durante la campaña electoral de 1999 por defender medidas económicas, con las que supuestamente la Alianza discrepaba, para después de estar en el Gobierno adoptarlas (rebaja de sueldos).

 

El mensaje es claro se puede ganar una elección tirando piedras al "rancho del vecino" pero no se puede gobernar con eso. Para gobernar hay que tener una filosofía que de coherencia en la acción, un plan de gobierno con metas claras, una estrategia que trace un camino y un liderazgo apto para llevar adelante todo eso. No basta con criticar al que estaba antes hay que ser capaz de hacer algo mejor que él.

 

Una tercera enseñanza que me parece también harto destacable y que guarda relación con lo anterior es la famosa alternativa al neoliberalismo. En esto se han mezclado interesadamente tantas cosas que es difícil saber a que nos estamos refiriendo. Y en este caso la confusión termina enredando a quienes la han fomentado. ¿Por qué? Por que han puesto dentro de esa etiqueta maldita a muchos aspectos que hoy constituyen el acerbo fundamental de cualquier gobierno. No me refiero a los dogmas fundamentalistas que sirven consciente o inconcientemente para justificar las concentraciones del poder económico sino cosas tan elementales como la disciplina fiscal, transparencia en las cuentas públicas, un Estado acotado a las funciones naturales, transformación que no lo deben llevar a desaparecer sino a ser más sólido en cumplir con su misión esencial.

 

Cuando se pregona sin precisión intelectual calificando a toda medida como medida neoliberal uno va armando su propia trampa en la cuál no pasa mucho tiempo sin caer en ella. A que me refiero. Estudiemos el caso del ex Vicepresidente argentino Carlos "Chacho" Álvarez, la figura – al menos así parecía – emblemática de la "ala" de izquierda de la coalición gobernante Argentina. Hoy Álvarez es uno de los sostenes más firmes del ingreso del ex Ministro de Economía de Menem, Domingo Cavallo, al Gobierno de la Alianza para dirigir la economía del país. Como se explica. Hay explicaciones de distinta índole. Coincidencia en sus mensajes anticorrupción, nuevos tiempos que acercan sus puntos de vista sobre la Economía, poco margen de maniobra del Gobierno, entre otros. Todos pueden ser válidos.

 

Sin embargo, yo quiero hacer referencia a otra faceta. No es todo "oro" lo que reluce. En la historia de América Latina hay muchos ejemplos de entrar al Gobierno por la izquierda y salir por la derecha. No es un juicio de valor sino una observación histórica documentable. Supongo que debe haber muchos por aquí que entienden a que nos referimos. No sé, pero tal vez en el futuro aquí también tengamos una larga fila de dolidos por una experiencia similar.

 

Una cuarta enseñanza tiene que ver también a la relación entre la política y la economía. El sistema político y el liderazgo político deben tener credibilidad para llevar adelante el gobierno y más en tiempo de crisis. El sistema y liderazgo político argentino sufren la erosión que sufre todo el sistema y liderazgo político latinoamericano pero en una forma muy especial. Hay sobre el una acusación muy fuerte de corrupción que se usa de manera bastante generalizada. La no solución de la crisis del Senado argentino, ocasionada por el supuesto pago de soborno para obtener la Ley Laboral, no ha hecho sino agravar esa sensación pública y le quita en gran forma la capacidad de conducir al país en situaciones como estas y ganar el apoyo de la gente para las medidas que se deban tomar, aunque sean ellas buenas e impostergables.

 

Una quinta es que no se puede seguir pensando salir de las crisis recesivas sólo con medidas y un discurso que ponga el acento en el orden de las cuentas pública. Eso es algo obvio. En lo económico, un país como una empresa o una familia no pueden escapar a una lógica. Si se gasta más de lo que entra, hay que pedir prestado una y otra vez y a larga viene la bancarrota donde todos pierden y en especial los menos pudiente y más desprotegidos. Eso es cierto. Aún lo es más cuando se gasta el dinero público en cosas innecesarias. Pero seguir pensado que todo lo resolvemos con reducir el gasto público sin medidas que promuevan incentivos para aumentar la producción y la competividad para que el país venda más al exterior y el consumo interno se incremente es algo ilógico y fácil de ver aún para quienes no sabemos la ciencia económica. Ambos aspectos van de la mano. Si gastamos menos y a la vez seguimos con la misma presión impositiva hay algo que no funciona. O no estamos gastando menos, o no lo hacemos en un nivel suficiente, o el Gobierno no está devolviendo a la gente el dinero que le pertenece. Por eso el plan de López Murphy era limitado y los anuncios no oficiales de lo que Cavallo esta manejando como su programa económico surge como más "redondo" y "completo". 

 

En definitiva hay mucho para aprender de la crisis actual de la Argentina para nuestro presente pero también para el futuro. Especialmente para ver que las reformas en Uruguay se hacen cada vez más imprescindibles y el tiempo no corre a nuestro favor. A menos que los uruguayos pensemos que hemos encontrado la máquina para detenerlo o viajar en ella hacia atrás. Vuelvo a traer la dolorosa imagen del hundimiento del Valiente, que ya cite en una columna el año pasado para graficar nuestra situación. ¿Vamos a mover nuestra pequeña embarcación o esperaremos que la embistan?

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