lunes, 19 de marzo de 2007

LA FALTA DE PREVISION: Los costos que pagan inocentes

Pensar a largo plazo y prever es una característica de los estadistas o constructores de grandes cambios. Pensar solo en el corto plazo es muestra o bien de incapacidad o de egoísmo, o de ambas cosas a la vez.

 
 

Uno de los asuntos que quedan más patentes en los momentos de crisis o de  colapso político, económico y social, es la falta de previsión de los líderes de las sociedades. Y cuando me refiero a líderes no me refiero solo a los gobernantes o los liderazgos políticos, sino también a los de otras áreas que influyen en gran medida en el curso de los acontecimientos nacionales.

 

Al menos que se crea en alguna forma de determinismo absoluto, los ciudadanos no importa donde estemos ubicados en la escala jerárquica de una nación tenemos una cuota de responsabilidad personal y cívica que debemos cumplir. Entre las responsabilidades de los líderes están el apreciar las tendencias o fenómenos positivos o negativos que se manifiestan en un país y su entorno, tomar las previsiones para corregir aquello que no lleva en un curso de colisión arrastrándonos a graves problemas. Deben tener, además, previstos los escenarios posibles en que una crisis puede desarrollarse y las posibles alternativas que frente a la misma se pueden adoptar.

 

Pensar a largo plazo y prever es una característica de los estadistas o constructores de grandes cambios y realidades en la historia. Pensar solo en el corto plazo es muestra o bien de incapacidad o de egoísmo, o de ambas cosas a la vez. Lamentablemente en la actual situación del país hay muchos rastros de esto último y pocos de lo primero.

 

Los programas que los partidos políticos y los gobernantes enuncian durante las campañas electorales apuntan en una enorme medida a mantener o tomar el poder, por lo que el grado de demagogia o de promesas impracticables es alto. Como ese tipo de política no esta apuntalada en principios inalterables no ve a largo plazo. No ve más allá del día de las elecciones. Y aunque después haya acuerdos entre distintos actores el horizonte más lejanos que están viendo es el de la próxima elección.

 

Pero cuidado eso no es solo patrimonio de la dirigencia política. Muchas decisiones que se adoptan en el plano económico y financiero ponen en evidencia también egoísmo, falta de previsión, ausencia de una política de principios. Sacar el máximo rédito inmediato, con bajo costo y sin medir las consecuencias futuras son hábitos bastantes generalizados.

 

Por el contrario sacrificar el "hoy" por ganar el "mañana", el asumir los costos de tomar decisiones difíciles en  el momento justo y no cuando "el agua llegue al cuello", y el pensar a cada momento que tipo de legado se deja para las generaciones venideras, no es la bandera principal. Hay demás, pocos abanderados dispuestos a tomarla.

 

Diversos aspectos que marcan la actual crisis nacional eran previsibles. Como lo son muchos que aún no han hecho estallido aunque están dejando ya marcas imborrables en el país, su sociedad y sus comunidades.

 

El extremo de que el Uruguay viaja sin un rumbo cierto,  fruto entre otras causas de la división y fraccionamiento político - llevado muchas veces al ridículo – y sus consecuencias nefastas,  era previsible desde mucho tiempo atrás.

 

Era también previsible que sin unidad entre los principales líderes y partidos políticos no podríamos afrontar en las mejores condiciones los enormes nubarrones que se avecinaban. No hace cuatro meses que estamos sufriendo una recepción económica, hace casi cuatro años. Una recesión apuntalada por factores vinculados por un escenario regional absolutamente previsible en sus grandes líneas. ¿No era previsible la situación frágil de las grandes economías vecinas? ¿No era previsible que sus gobiernos y estados para salvarse no iban a medir los costos de sus medidas para el Uruguay? ¿No era previsible que la dependencia de nuestras exportaciones con socios tan imprevisibles nos pondría  tarde o temprano en una situación como la actual?

 

Nadie desconoce que el factor de su ubicación geográfica y la historia misma pesan de gran forma en el desarrollo de los acontecimientos de nuestro país. Nos condiciona pero no nos determina. Pero hay muchos ejemplos de países fuertemente condicionados pero que se han sobrepuesto a los efectos negativos de ese condicionamiento.

 

Lo que cada uno hace con sus posibilidades o frente a sus dificultades es en primer lugar responsabilidad de uno mismo. Basta un ejemplo. En Argentina uno ve todos los días a los medios de comunicación reflejar las opiniones de su cuerpo político y social quejándose de que el FMI no apoya a su país. No recuerdan que ya han recibido apoyos por 40.000 millones de dólares. Pero los fondos fueron en vano, Argentina cayo al precipicio y aún parece estar en caída libre sin llegar al piso. Corea del Sur que paso también por una situación crítica recibió fondos por 37.000 millones de dólares, se embarco en reformas muchos años resistidas, y hoy tiene nuevamente una economía fuerte y próspera.

 

La crisis financiera uruguaya era absolutamente previsible desde años atrás. La solución que los gobiernos habían llevado adelante durante años frente a las sucesivas minicrisis ocasionadas por la falta de confianza en tal o cual banco o directamente la quiebra de otros, fue asumir el Estado los costos. La política se dirigió más a encontrar una salida rápida a la crisis que buscar soluciones de fondo. Poner debajo de la alfombra la basura acumulada para que los visitantes o habitantes de la casa no la vieran. Política que llevo a presionar para lograr con éxito el unir bancos con patrimonio positivo con bancos con patrimonio negativo. Era algo obvio que esto no podría ser eternamente así. Era una bomba de tiempo. Que de no haber sido por el estallido de la crisis y por las condiciones para la ayuda financiera exterior nunca hubiéramos asumido.

 

Cabe recordar que desde que estalló la crisis del "corralito" en la Argentina pasaron varios meses. Era predecible que la pérdida de confianza en el sistema bancario argentino iba a traer una presión adicional sobre el uruguayo. Que bancos de primera significación en nuestro sistema financiero estuvieran enormemente expuestos por sus vinculaciones con la Argentina no parece haber ameritado ninguna medida especial. Basta recordar que una semana antes de la intervención de unos de esos bancos se le estaba vendiendo al mismo otro. Es patético por el hecho de que gran parte de lo que sucedió era previsible, la discusión mediática que han protagonizado dos ex directores del Banco Central.

 

En fin, la situación del país pone en evidencia la falta de previsión. Falta de previsión sobre las consecuencias de sus actos. Tanto de quienes, desde el gobierno o la oposición, o no tuvieron la coherencia o valentía necesaria en impulsar las reformas o cambios imprescindibles, o resistieron a todo y  no propusieron a la vez otras alternativas viables.

 

La falta de previsión en los asuntos públicos como en otros órdenes de la vida tiene un enorme costo que se pone en los hombros inocentes de las generaciones venideras. Ellas tendrán que pagar la falta de visión y la carencia de superioridad de espíritu de nuestra generación. Lo tendrán que pagar con su sudor y sus lágrimas. Y nosotros no tendremos sino que bajar nuestros ojos al piso por vergüenza.

 

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