No, no me equivoque. Se que habitualmente la advertencia es: "Haz lo que yo digo no lo que yo hago", como forma de marcar la contradicción, que suele ser habitual, entre las palabras y los hechos. Aún recuerdo cuando siendo niño trataba de defenderme de los retos de mi madre usando como mi escudo las eventuales contradicciones entre sus órdenes y su acción y ella contraatacaba con ese famoso dicho. Pero, dejando de lado los recuerdos infantiles, y volviendo al punto he cambiado el tradicional dicho para marcar otro énfasis: es más racional, lógico y correcto lo que hago que lo que dije que iba a hacer. Aunque ello no evita una duda sobre los motivos de porque he actuado así.
Eso es lo que esta sucediendo con los nuevos gobiernos socialistas o socialdemócratas europeos, especialmente el inglés y el alemán. Veamos sino las enormes diferencias entre las promesas sociales y las medidas posteriores cuando asumieron el Gobierno. Tanto Tony Blair en Gran Bretaña como Gerhard Schroder en Alemania hicieron punta en su campaña en búsqueda del poder, atacando las políticas "conservadoras", "neoliberales", "insensibles socialmente" de sus antecesores, los conservadores ingleses y los democristianos alemanes. Por supuesto que lo hicieron desde una postura ideológica más hacia el centro y menos radical que la habitual de sus partidos. Aunque no hubiera un reconocimiento o si lo hubo fue un reconocimiento vergonzante, los aspirantes al gobierno tomaron en cuenta principios fundamentales de los anteriores gobiernos de signo ideológico diferente al de ellos. Y con esa línea confusa pero suplida con un mensaje atractivo y también atractiva imagen del líder tuvieron éxito.
Hoy a poco tiempo de haber obtenido el triunfo y de haber levantado la esperanza de una "Tercera Vía" todo parece mostrarse como lo que fue: una estrategia para obtener el poder. Los hechos han demostrado que gobernar es mucho más que hacer una campaña electoral.
Ayer había al respecto dos reveladores artículos publicados por EL PAIS de Madrid que comentan la difícil situación en que se encuentran los gobiernos socialistas de Gran Bretaña y Alemania. Vale la pena transcribir partes de esos informes periodísticos.
Con respecto a la situación del gobierno socialista alemán, la corresponsal Pilar Bonet, señala entre otros conceptos:
- "Menos de un año, después de ganar las elecciones, la capacidad de Gerhard Schroder, de 52 años, para hacer atractivo un proyecto de renovación en Alemania parece haberse difuminado. La imagen - que fue la principal aliada de este canciller mimado por los medios de comunicación - se ha convertido hoy en uno de los problemas más graves del líder alemán".
- "Schroder atraviesa momentos dramáticos: está solo, las encuestas le sitúan por debajo del democristiano Helmut Kohl y los militantes socialdemócratas reprimen con dificultad su ira hacia la dirección del partido..."
- "La semana pasada, los recortes sociales sacaron a la calle a los militares en manifestación en Berlín; ayer lo hicieron los policías. Las protestas van dirigidas contra los planes de reducir el ritmo de crecimiento de las pensiones, contra la reforma de la sanidad y contra la reforma fiscal"
- "El problema y la tragedia de Schroder es que la reforma radical que Alemania necesita para reducir las cargas financieras no es posible con la base de poder como las del Gobierno actual, formada por los socialdemócratas y verdes, sino que necesita de un consenso mucho más amplio, de una gran coalición con la CDU (los demócrata cristianos alemanes), para que los ciudadanos la acepten"
- "Schroder esperaba haber sido el canciller de esa gran coalición" sin embargo "El tándem con Oskar Lafontaine, el Presidente del SPD (líder del ala izquierda de la socialdemocracia) condicionó...el juego político en otra dirección. El portazo de Lafontaine (quién renunció por estar en desacuerdo con el giro a la derecha de Schroder) empeoró aún más las cosas. Su marcha dejó a la deriva e incontrolados a los sectores izquierdistas del partido. Schroder se hizo cargo de la dirección e infravaloró su capacidad de controlar el SPD (una clara colisión entre el líder carismático y los "aparatos")
Todo un curso de Ciencia y Valores Políticos. Promesas e ideas "fuerzas" de perfil alto, que encubren agendas más ocultas. Lideres carismáticos que marcan una mayor moderación para la lucha electoral pero apoyados en aparatos ideológica y políticamente más radicales que asumen un papel menos preponderante, en un cierto momento, para no dificultar la estrategia para obtener el poder. Luego en el Gobierno una situación harto difícil: para gobernar necesito más de mis "enemigos" políticos, a los cuales flagele, que de mis "compañeros de ruta". Todo un mundo de contradicciones.
A Tony Blair no le va mejor aunque hay que señalar que hay diferencias entre la personalidad de uno y de otro y que Blair ha sido más valiente políticamente que su par alemán. Pero veamos algo de lo que nos comenta Juan Carlos Gumucio en su informe desde Londres para el diario madrileño EL PAIS:
- "Acosado por las crecientes y atrevidas críticas sindicales, el Primer Ministro, Tony Blair, pasó ayer al contraataque exigiendo una modernización de las organizaciones laborales y propuso un diálogo con los empresarios a fin de trabajar juntos en aras del beneficio común"
- "Los responsables de los sindicatos británicos están acentuando su contrariedad al nuevo laborismo, que, sostienen, está más poseído por el sentido del estilo que por el de la sustancia"
- Ken Cameron, líder izquierdista y secretario general del Sindicato de Bomberos ha dicho "el laborismo ya no nos ve como su aliado natural, y nosotros ya no podemos contar con él como un aliado". La crónica agrega que "este veterano dirigente de la izquierda laborista no hizo sino resumir el sentimiento de frustración entre quienes veían a Blair como un abanderado de las causas populares y que hoy se sienten decepcionados por el barniz progresista del Nuevo Laborismo"
- "En suma, la izquierda está enfadada con Blair porque en los dos años de Gobierno, los neolaboristas no han hecho sino impulsar la idea de que en la empresa privada reside el secreto de la solución al acuciante problema social"
Habría más noticias para este boletín, pero por hoy es suficiente. Si Blair y Schroder pensaban hacer lo que ya están haciendo hoy antes de asumir es una duda razonable que todos podemos tener. Tal vez si tal vez no. Tal vez en el Gobierno se dieron cuenta que el traer justicia social no se logra por el camino que tradicionalmente ellos pensaron. Seguramente hay una mezcla de buenas intenciones con intenciones más aviesas. De sentidos principios con tácticas electorales que no paran, frente a ningún límite ético o de la lógica, en la hora de obtener el voto y el apoyo ciudadano.
Lo cierto es que cualquiera sea la verdad el resultado esta a la vista. Tienen en ambos casos, Blair y Schroder, para mejorar el estado de sus naciones, el tomar medidas de gobierno para la cuales no tienen la suficiente fuerza ideológica y moral, ni el respaldo político de hacerlo. No es que lo que planteen hacer Blair y Schroder este mal. El punto en cuestión es que ellos obtuvieron el poder con el apoyo de fuerzas políticas e ideológicas de signo contrario a su programa actual. Aunque estemos en el mundo de la imagen, para gobernar se necesita, además de un buen líder, apoyos sustanciales y estructurados detrás de un programa.
Los electores ingleses y alemanes tienen el derecho a preguntarse hoy, a dos años de haber elegido a Blair y a menos de un año de haber elegido a Schroder, si no habría sido mejor haber electo a alguien que si tenga la coherencia y el apoyo necesario para hacer lo que hay que hacer. Para hacer lo que digo que haré y no para hacer algo diferente a mis promesas. Las ilusiones de los aparatos del Laborismo inglés y de la Socialdemocracia alemana con respecto a sus candidatos triunfantes y salvando las abismales diferencias, entre un caso y otro, me hacen acordar a la ilusión de muchos líderes de la Revolución Soviética, especialmente los más cultos y refinados, como Bujarin por ejemplo. Ellos pensaban que con su Revolución creaban una nueva sociedad. Los hechos históricos muestran que el resultado no pudo ser más diferente a sus expectativas ni más cruel: cuanto más idealista y sinceros fueron, peor fueron tratados por el régimen y el sistema que ellos ayudaron a crear.
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