lunes, 19 de marzo de 2007

LAICIDAD Y LAICISMO

El título es una afirmación de una figura de primer orden del catolicismo. Es que en el correr de las últimas semanas la actitud de los poderes europeos ante la religión ha sido puesta en entredicho por figuras religiosas de primer orden, especialmente del campo católico, entre ellas el por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Joseph Ratzinger.

 

En dos intervenciones, una radial y otra escrita, Ratzinger ha señalado que "el laicismo está poniendo en peligro la libertad religiosa" y en otro que "El modelo de laicidad estadounidense es más adecuado que el europeo".

 

En una entrevista concedida al diario «La Reppublica», el Cardenal señala que «existe una agresividad ideológica secular, que puede ser preocupante"  y que "«El laicismo ya no es aquel elemento de neutralidad que abre espacios de libertad a todos. Comienza a transformarse en una ideología que se impone a través de la política y no concede espacio público a la visión católica y cristiana, que corre el riesgo de convertirse en algo puramente privado y, en el fondo, mutilado"

 

Al ser interrogado acerca de la presencia de Dios en la sociedad contemporánea afirma que "Está muy marginado. En la vida política parece casi indecente hablar de Dios, como si fuese un ataque a la libertad de quien no cree. El mundo político sigue sus normas y sus caminos, excluyendo a Dios como algo que no pertenece a esta tierra. Lo mismo sucede en el mundo del comercio, de la economía y de la vida privada. Dios queda a un margen. Sin embargo, me parece necesario volver a descubrir, y existen las energías, que también la esfera política y económica tienen necesidad de una responsabilidad moral, una responsabilidad que nace del corazón del hombre, y en última instancia, tiene que ver con la presencia o la ausencia de Dios. Una sociedad en la que Dios es absolutamente ausente se autodestruye. Lo hemos visto en los grandes regímenes totalitarios del siglo pasado».

 

En varias intervenciones ante la sección alemana de Radio Vaticano, Ratzinger sostuvo la misma línea de pensamiento diciendo que "«Las culturas del mundo son profundamente ajenas a la secularización extrema que se ha consolidado en Occidente. Tienen la convicción de que un mundo sin Dios no tiene futuro»

 

En esta oportunidad volvió a reiterar que «el laicismo no constituye ya la garantía de las múltiples convicciones, sino que se establece como una ideología que impone lo que se debe pensar y decir y,...Creo que es un fenómeno que nos debe hacer reflexionar: lo que aparecía como garantía de una libertad común, se está transformando en una ideología que empieza a hacerse dogmatismo y a poner en peligro la libertad religiosa».

 

Es que el cristianismo en Europa esta viviendo una doble presión. Por un lado el secularismo extremo, que se manifiesta en actitudes hostiles a la religión y en una propensión al individualismo, hedonismo y materialismo y por otro la fuerza creciente de la religión musulmana, con sus vetas de islamismo fundamentalista.

 

Por eso no debe llamar la atención, aunque encierra algunos aspectos contradictorios históricos, que Ratzinger afirme: «Pienso que bajo muchos puntos de vista el modelo estadounidense es el mejor», mientras que «Europa ha quedado empantanada en el cesaropapismo».  

 

Dijo que «Las personas que no querían pertenecer a una Iglesia de Estado, se fueron a Estados Unidos y allí constituyeron conscientemente un Estado que no impone una Iglesia y que simplemente no es percibido como religiosamente neutral, sino como un espacio dentro del cual las religiones se pueden mover y pueden gozar también de una libertad organizativa, sin ser simplemente mandadas a la esfera privada".

 

Sintetizo su posición señalando que «En esto se puede sin duda aprender de Estados Unidos», pues es un «proceso por el cual el Estado da espacio a la religión, que no es impuesta, sino que gracias a él vive, existe y posee fuerza creativa pública».

 

Un ejemplo de como esta "crujiendo" el modelo laicista europeo esta en situaciones como las de Francia, Alemania y ahora Holanda, donde una visión laicista – que no es lo mismo que laica – se enfrenta a un resistente "enemigo", no tan "neutralizado" en algunos sentidos como es el cristianismo europeo, en este caso como ya señale la religión musulmana.

 

Por ejemplo, Holanda un clásico modelo de tolerancia religiosa y étnica esta siendo sometido por medio de crímenes, atentados, y otras acciones de intolerancia, en la que están involucrados fundamentalistas islámicos y sectores de extrema derecha a una situación desconocida, a un virtual "choque de civilizaciones".

 

La referencia de Ratzinger al modelo estadounidense, no es casual. Un reciente artículo del diario La Vanguardia de Barcelona decía en noviembre de 2004 que "Los europeos son más escépticos: menos del 20% cree sin reservas en los milagros. Sin embargo, más de la mitad de los norteamericanos cree ciegamente en los milagros. Esto es un fiel ejemplo del papel que la fe tiene Europa y EEUU. Si algo reflejan las encuestas sobre la psicología del americano medio es su elevado nivel de credulidad, que algunos asocian con una cierta ingenuidad", obviamente esto desde la óptica europea.

 

La gran diferencia que uno puede apreciar es que mientras en EEUU aunque exista una separación entre Estado e Iglesia, el Estado no es neutral o hostil ante el fenómeno religioso sino que esté forma parte, en una gran medida - en sus distintas manifestaciones y vertientes - de la sociedad y su cultura estadounidense.

 

La religiosidad los líderes estadounidenses suena lo menos como "ridícula" para la mayoría de los europeos, pero es una expresión vital para el estadounidense medio, que se identifica con ese sentimiento y le sería totalmente ajeno un primer mandatario que no la tuviera.

 

En realidad las raíces históricas tienen un papel fundamental. Los EEUU han sido desde siempre, aún en medio de sus contradicciones, una democracia de base religiosa, que sustenta sus valores cívicos en los valores ético-religiosos expuestos en sus cartas y documentos fundacionales y que han sido ratificados en los momentos más dramáticos de su historia como durante la Guerra Civil del siglo XIX, o en los períodos más importantes del siglo XX, y aún ahora con gran vigor después del 11 de setiembre del 2001.

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