lunes, 19 de marzo de 2007

EL ESTADO LAICO EN EL SIGLO XXI

Entrado el siglo XXI, un asunto básico: ¿Cuál es la verdadera naturaleza de un estado Laico?, esta nuevamente en el tapete, frente al vaciamiento espiritual de la democracia en la esfera cultural occidental y a la resistencia de las tendencias relativistas a otorgarle a la religión el papel que le corresponde en llenar ese vació.

 

Alexis de Tocqueville, escribía en el siglo XIX, como una de sus conclusiones de su estadía en América del Norte que "La religión ve en la libertad civil un noble ejercicio de las facultades del hombre; en el mundo político, un campo concedido por el Creador a los esfuerzos de la inteligencia. Libre y poderosa en su esfera, satisfecha. del lugar que le ha sido reservado, sabe que su imperio está bien establecido porque no reina más que por sus propias fuerzas y domina sin apoyo externo sobre los corazones"

 

Agregaba también: "La libertad ve en la religión a la compañera de sus luchas y de sus triunfos; la cuna de su infancia y la fuente divina de sus derechos. Considera a la religión como la salvaguarda de sus costumbres y a las costumbres como garantía de las leyes y la prenda de su propia duración"

 

Es muy importante distinguir la indiscutible importancia moral y práctica de un Estado Laico, no confesional, y el laicismo como ideología por el cual un Estado "tolera" a la religión, pero es hostil – con mayor o menor militancia – a su influencia en la vida social de una nación, relegando al recinto de la conciencia individual. Esta limitación impide aún que se pase al nivel familiar, dado que se arroga para sí el derecho de  desarrollar políticas públicas que atacan las creencias de los miembros de la familia y la educación de sus hijos. Por ello en cuanto la religión cruce el límite de las conciencias individuales, será acusada con mala intención de querer volver a un "Estado Confesional".

 

En la evolución del sistema político, social y educativo occidental, incluyo en esto Europa, América del Norte y América Latina, hemos tenido tres modelos de relación entre Estado y Religión o Iglesia.

 

El primero, es el creado a partir de la Revolución Norteamericana de 1776. Los Padres Fundadores de los EEUU, ya fueran cristianos o deístas, no dieron la espalda al clamor de sus antepasados, cristianos europeos que huyeron hacia América por motivo de su fe religiosa. La importancia de la religión, tanto como la necesidad de una total libertad de religión, estuvieron indisolublemente ligados en su pensamiento. Por ello la Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU. de 1791, en su artículo 1° defiende el criterio de la más amplia libertad de culto afirmando que: "El Congreso no aprobará ninguna Ley con respecto al establecimiento de Religión alguna o que prohíba el libre ejercicio de la misma...". Por eso también, la Declaración de la Independencia adjudica los derechos del ser humano a la libertad, la vida y la felicidad adjudica como origen de los derechos humanos a Dios y no a los hombres o el Gobierno.

 

El resultado ha sido una democracia en donde ha existido una separación entre Estado e Iglesia, pero donde la religión es considerada como la fuente de los valores y la virtud de la democracia. Consecuencia de todo, la democracia más sólida, junto con la inglesa, y la nación en donde se goza de la más amplia libertad de religión.

El segundo modelo, es justamente el nacido de la Revolución Francesa. Esta fue desde su origen, hostil a la religión, y ambigua en torno a otorgar libertad religiosa. Es así que la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa dice "Ninguno será perturbado a causa de sus opiniones, aún las de orden religioso...". Tanto Francia como Alemania tienen hoy una conducta mezclada respeto a la religión. La psicoanalista francesa Elisabeth Roudinesco, explica claramente en una entrevista de prensa, esta visión al señalar que "Lo religioso esta mucho más presente en la democracia norteamericana que en la francesa..." y agrega" yo adhiero absolutamente a ese modelo (el francés). Por que si la religión se convierte en política, se pasa de la democracia a la tiranía". Sin embargo, lo que Roudinesco obvia es que justamente las tiranías se impusieron en Europa, en países que adscribían a esa tradición, y que impusieron un terror en contra de la religión y los creyentes. En este sentido el bolcheviquismo es heredero del jacobinismo. Y el nazismo como el fascismo no esta exento de esas características tampoco y habría mucho que decir al respecto.

 

El último modelo, es un modelo ya finiquitado, es el del integrismo católico, en donde el Estado era confesional, y la única religión oficial, cuando no permitida era la católica, quién tenía el control también de la educación. Ese modelo que tuvo ejemplos paradigmáticos en España o Portugal, cayo tanto por los cambios políticos como por los religiosos, ocurridos dentro de la propia Iglesia Católica. Su resultado fue malo, tanto para la religión en su conjunto, trayendo generaciones hostiles a la misma, como para la Iglesia Católica en particular.

 

El integrismo sea de la religión que sea, trae como toda fe impuesta por la fuerza su propia autodestrucción. Las generaciones venideras son descreídas y hostiles a las instituciones religiones aunque busquen desesperadamente respuestas espirituales y existenciales. La Fe es un don dado por Dios para experimentarlo con nuestro corazón y exige libre albedrío.

 

El Estado Democrático en el siglo XX, como modelo universalmente aceptado debe reconocer el valor e importancia de los valores universales de las religiones para sostener una sociedad libre y ética; la religión como el camino de la transformación humana; la total libertad de religión; la concordia y necesidad mutua entre la sabiduría y conciencia de la religión y la experiencia y técnica del liderazgo político y económico; y una educación del conocimiento afianzada en la formación del carácter de las nuevas generaciones basada en los valores ético-religiosos comunes a todas las creencias.

 

El desafío que tenemos es construir como fundamento ético del sistema de libertades públicas en este siglo, un humanismo, que este tan lejos del mero humanismo secular que se ha planteado a través de los Manifiestos Humanistas desde el primero en 1993, hasta la visión de que "humanismo" es algo opuesto a la religiosidad y espiritualidad.

 

Por el contrario el sistema de deberes y derechos sobre los cuales se afinca la democracia y la libertad sólo puede sostenerse cuando entendemos y aceptamos, aunque distinto sea nuestro punto de partida, que todos los seres humanos somos creados por un mismo Creador y que el valor y dignidad de nuestra vida nos ha sido dado por El y no es una concesión política, la economía o un descubrimiento científico. Que hay valores eternos que no pueden estar sujeto a los cambios externos sino que están afincados en lo más íntimo de la esencia humana y que por lo tanto son incambiables. Humanismo es pues reconocer la trascendencia de la vida humana y el propósito moral de su Creación.

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