lunes, 19 de marzo de 2007

LA DEMOCRACIA Y LOS VALORES ESPIRITUALES

Días atrás el Presidente Sanguinetti habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York y en su discurso – que improvisó – resalto diversos aspectos del estado actual del mundo y la civilización humana subrayando los riesgos y los desafíos del fin de siglo.

 

Hacia el final de su pieza oratoria nuestro Presidente se refirió a dos tópicos de enorme trascendencia, estrechamente vinculados entre sí,  y no pudo haber sido más oportuna su referencia a los mismos. Fue así que rescató en la memoria de los presentes los valores espirituales y la familia como los valores y la institución que son la base de la civilización y la democracia.

 

Al introducir esos temas el Dr. Sanguinetti dijo: "Y pensar también en los valores esenciales de nuestra sociedad, como la Familia, núcleo histórico de nuestra civilización y de cuyo debilitamiento hemos tenido que pagar tantos tributos" señalando que esto ha tenido graves consecuencias por que "en definitiva, los males de la droga son hoy un factor que muestra el flagelo espiritual de sociedades que han perdido, en el desarrollo económico, la apreciación de los valores espirituales y han debilitado la familia".

 

A renglón seguido, al analizar las causas de la drogadicción ubico estás en "un mundo de imágenes, de vacuidad, de fugacidad"  que han generado una situación de vació que esta en la raíz de este fenómeno, en la búsqueda de esos paraísos artificiales que pretenden sustituir el sentido de la vida".

 

Como contrapropuesta a ese mundo  " de imágenes, de vacuidad, de fugacidad" y a "esa situación de vació", el Presidente Sanguinetti enfatizó que son  los "valores espirituales los que debemos acentuar hoy, para darle real contenido a la democracia" y agregó "ya que tenemos que ser pragmáticos en lo económico, pero sabiendo que sólo con pragmatismo no vamos a mantener viva la esperanza de los pueblos...".

 

Esta demás decir que sin importar cual sea la inclinación política de cada uruguayo deberíamos compartir los puntos de vista del Presidente, puntos de vista que muestran una veta de reflexión existencial trascendente sobre los seres humanos y los destinos de la sociedad. Que el Presidente Sanguinetti haya rescatado para la clausura de su discurso a la Familia y los Valores Espirituales es de por sí una opción acertada y por demás inteligente.

 

Los problemas actuales del mundo así como los retos que están frente a nosotros al cruzar el umbral del año 2000 son de una envergadura tal que la sociedad humana no podrá hacer frente a ellos sino es con un liderazgo que sea capaz de reflexionar más allá de los hechos puntuales, superando las barreras mentales y emocionales del pasado y no sujetándose a un ""pragmatismo" sin principios donde los hechos modifican por utilidad los valores. Un liderazgo que no reduzca la vida humana y el gobierno de la sociedad a una mera cuestión política o económica y reconozca otras esferas de la vida más básicas y fundamentales.

 

Por ello la clausura del  discurso del Presidente Sanguinetti no sólo ha sido importante por rescatar a la Familia como el núcleo histórico de nuestra civilización, y por señalar expresamente que son los Valores Espirituales los que deben dar contenido a la democracia sino por que también reconoce "que sólo con pragmatismo no vamos a mantener viva la esperanza de los pueblos".

 

Los pueblos no son sino una comunidad de individuos por lo que las angustias, las dudas, los problemas de los pueblos no son sino la multiplicación de lo que cada individuo piensa, siente, y palpita.

 

La demostración más clara de la certeza de la afirmación del Presidente Sanguinetti acerca de la esperanza de los pueblos está en el actual y muy comentado estado de depresión de los uruguayos. Los estudios muestran que esos estados depresivos se acentúan en extractos sociales medio alto y alto, en grupos donde las dificultades económicas no son tan agudas o directamente no existen. Curiosamente en esos mismos sectores se ve a las dificultades económicas como una causa principal de la depresión anímica de la gente.

 

Ese mundo de imágenes, esa vacuidad, fugacidad y frivolidad de la vida actual nos impide a ver dentro de nosotros mismos el origen de nuestros problemas. Es más fácil ver hacia fuera y "encontrar" allí los "culpables" que mirar hacia adentro de nuestros corazones.

 

La civilización humana y la democracia como el ambiente donde la libertad humana puede expresarse no puede subsistir sin puntos de referencia espirituales y morales claros. La Familia y los Valores Espirituales que se aprenden y manifiestan siempre en forma prioritaria en la Familia son sin duda parte de esos puntos de referencia, parte de esas "estrellas que nos van a guiar en esa navegación" como lo expresara el Presidente Sanguinetti al finalizar su discurso.

 

Pero la Familia y los Valores Espirituales, que son aquellos que todos – consciente o inconscientemente - buscamos en cuanto no somos simplemente un cuerpo físico sino por sobre todo un espíritu con vida espiritual eterna, no pueden al igual que la vida misma construirse y manifestarse plenamente sin Fe en Dios.

 

La Fe en Dios es la roca sobre la cual los seres humanos en un mundo que no es el mundo ideal (en donde prime el amor, el altruismo, la bondad), edificamos - sorteando las dificultades y las amarguras del presente - nuestras vidas personales, nuestras familias y nuestras sociedades. Apostar a la Familia y los Valores Espirituales, en un tiempo en donde la Familia presencia su desintegración, en donde la búsqueda de bienes materiales y el hedonismo se convierten en el centro del quehacer humano, es una apuesta que sólo puede sostenerse sobre la base de la Fe en Dios. De convicción en que los seres humanos no hemos sido creados por El para vivir aquellos patrones de inconducta sino que hemos sido creados con una dignidad que se realiza bajo principios y valores diferentes y que es nuestra responsabilidad vivir bajo el mandato de los mismos.

 

Como muy bien lo expreso Samuel P. Huntington en un libro de su autoría "la gente no vive sólo con la razón. No puede calcular y actuar racionalmente persiguiendo su propio interés hasta que define su yo...En los tiempos de cambios social rápido...las cuestiones de identidad priman sobre las cuestiones de interés. La gente enfrenta a la necesidad de dar una respuesta concreta a estas preguntas: ¿quién soy yo? ¿a dónde pertenezco?".

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