lunes, 19 de marzo de 2007

CAMBIOS POLÍTICOS EN AMÉRICA LATINA

Un documento reciente de la calificadora de créditos internacional Standard & Poor's afirma que el triunfo electoral del denominado "Encuentro Progresista" en Uruguay es otro ejemplo de la tendencia en la región sudamericana de partidos de centro izquierda que adoptan posiciones económicas "conservadoras" para llegar al poder.

 

En el caso del Uruguay, los principales líderes de la coalición de centro-izquierda adoptaron un discurso "moderado" no sólo en lo económico para dar confianza y seguridad a los inversores y organismos de crédito internacionales, sino también para disminuir las expectativas populares acerca de lo que era posible lograr. Un, ex líder guerrillero, hoy una las figuras políticas más populares del país, llegó a decir que lo que se necesita era "un capitalismo en serio". En definitiva, y por eso muchos electores le dieron su sufragio, el camino del cambio no era ya una revolución que arrasara con todo sino administrar mejor los recursos existentes.

 

El documento de Standard & Poor's, sostiene que hay muchas señales positivas pero que "aún deben ser consolidadas y, con certeza, serán parte de un largo proceso" en el que los partidos inclinados a la izquierda, tradicionalmente opositores, asumen ahora un papel de gobernantes. Obligados así, ahora, a ser antes que contestatarios, responsables.  

 

En el informe ya referido se señala que la "Corrupción, en ciertos casos, y el desencanto de parte de la población con respecto a políticas definidas general y ambiguamente como el Consenso de Washington, se encuentran entre los principales factores que conducen al electorado latinoamericano a buscar alternativas al partido gobernante en sus países".  

 

Esa seria la razón, subraya el análisis para que los electorados sudamericanos hayan abierto una oportunidad para que gobiernen fuerzas tales como el Encuentro Progresista-Frente Amplio en Uruguay; la Alianza en Argentina (1999), Perú Posible (2001), Sociedad Patriótica en Ecuador (2002), y Partido de los Trabajadores en Brasil (2002).

 

Pero a la vez señala que "En lugar de rechazar las políticas de los opositores, diversos partidos históricamente de centro izquierda han adoptado enfoques económicos más conservadores, que reconocen la importancia de la estabilidad macroeconómica como un prerrequisito para alcanzar un mayor desarrollo económico en el mediano y largo plazo, y lograr un avance más amplio en la cuestión social".

 

Comenta que a diferencia del pasado en donde los capitalistas extranjeros eran rechazados, "Numerosos líderes partidarios también reconocen el creciente rol de los inversores internacionales en la economía y política locales, particularmente en países que dependen en alto grado de flujos de capital externos para financiar sus presupuestos, renegociar sus pagos de deuda, o respaldar la expansión económica".

 

Ve en estos procesos de cambio en las fuerzas antes opositoras y ahora gobernantes una similitud a las agendas gubernamentales de los gobiernos de centro izquierda del ex Presidente Felipe González en España, y del Primer Ministro Tony Blair del Reino Unido. Aunque también se podría citar al de Gerhard Schroder en Alemania.

En América Latina, dice el documento de la calificadora de crédito la tendencia "comenzó mucho antes en Chile, donde un gobierno de coalición que incluye partidos de centro y de la izquierda se encuentran en el poder desde que el país recobró la democracia en 1990", y aprecia que Ricardo Lagos y el Partido Socialista ganaron las elecciones de 2000, "y asumió el poder sin que la instrumentación e implementación de la política económica se vieran afectadas".

 

En sus conclusiones el trabajo advierte que "Experiencias recientes parecen indicar que estos cambios comienzan a arraigarse y podrían ser sustentables", pero que "de todos modos, parece demasiado prematuro afirmar si persistirá la tendencia hacia un mayor consenso respecto de políticas macroeconómicas prudentes; un nivel aún elevado de insatisfacción política y económica en la región todavía podría amenazar la estabilidad política".

 

En realidad lo que estamos viendo, a más de diez años de finalizada la "Guerra Fría" puede ser un proceso de refundación política de la democracia e institucionalidad en algunos países de América del Sur, no en todos, basados en dos grandes fuerzas que girando alrededor del "centro" pueden inclinarse una más a la derecha y otra más a la izquierda. En algún sentido aproximándonos a un modelo americano o europeo de un partido socialdemócrata y un partido conservador, con algunos espacios para partidos "bisagras".

 

La realidad de que esos partidos puedan adscribir más allá de sus diferencias puntuales a acuerdos globales macros tanto en lo que respeta a las cuestiones institucionales políticas (libertades, derechos, deberes, instituciones políticas, etc.) como a las cuestiones económicas y financieras, por no citar otras no menos importantes como las sociales, educativas, seguridad y política exterior, daría a América Latina una sustentabilidad muy importante luego de décadas de revoluciones y golpes de estado.

 

Lo que si parece también claro mirando la experiencia europea que el camino estará plagado de contradicciones que vienen desde antes. Un ejemplo típico de esta situación fue el gobierno de Gerhard Schroder en Alemania. Un artículo del diario madrileño, EL PAIS, de 1999 decía que "El problema y la tragedia de Schroder es que la reforma radical que Alemania necesita para reducir las cargas financieras no es posible con la base de poder como las del Gobierno actual, formada por los socialdemócratas y verdes, sino que necesita de un consenso mucho más amplio, de una gran coalición con la CDU (los demócrata cristianos alemanes), para que los ciudadanos la acepten"  y agregaba que "Schroder esperaba haber sido el canciller de esa gran coalición" sin embargo "El tándem con Oskar Lafontaine, el Presidente del SPD (líder del ala izquierda de la socialdemocracia) condicionó...el juego político en otra dirección. El portazo de Lafontaine (quién renunció por estar en desacuerdo con el giro a la derecha de Schroder) empeoró aún más las cosas. Su marcha dejó a la deriva e incontrolados a los sectores izquierdistas del partido.  Schroder se hizo cargo de la dirección e infravaloró su capacidad de controlar el SPD (una clara colisión entre el líder carismático y los "aparatos").

 

Lo que ha sucedido muchas veces es que los líderes carismáticos marcan una mayor moderación para la lucha electoral, pero apoyados en aparatos ideológica y políticamente más radicales que asumen un papel menos preponderante, en un cierto momento, para no dificultar la estrategia para obtener el poder. Luego en el Gobierno una situación harto difícil: para gobernar necesito más de mis "enemigos" políticos, a los cuales flagele, que de mis "compañeros de ruta". Todo un mundo de contradicciones.

 

Sin embargo, hay esperanza de que de estos recambios políticos gubernamentales surja en el sistema político a mediano plazo, mayor humildad, responsabilidad y deseo de compartir y trabajar juntos. Unos aprenderán en el "llano" y otros verán que las "cumbres" son "tentadoras" pero muy peligrosas que hay que caminar con cuidado por que siempre se está al borde de la cornisa.

 

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